Las masas siempre eligen Barrabas. ¡Siempre!

Es una herida profunda y muy triste constatar que en mi País los peruanos estén enfrentados contra otros peruanos, en un terreno que no tiene nada que ver con el de las ideologías o con la visión de un grande País, sino en el terreno de la viveza, de la astucia, de los vacíos, de la criollada, de la violencia, de la ignorancia en fin.  O sea, en un terreno no  de un mundo,  sino entre los conceptos de un inmundo.  Suena fuerte, crudo quizás, pero es la verdad.

En este momento de post coyuntura electoral, a unos  días de las elecciones, cada quien debate sobre un pasado que en lugar de habernos dejado enseñanzas, parece que lo único que ha logrado son nostalgias en algunos, y para otros suficiencias que se traducen en la resignación sobre lo que nos merecemos; ya sea por honestidad intelectual o por  puro intereses circunstancial.

El presente panorama, que nos guste o no, nos puso al frente de un dilema: por quien votar.

No recuerdo alguna campaña electoral tan baja intelectualmente como la que vivimos en estos días. Es verdad también que somos un País en Via de Desarrollo,  por más que muchos políticos y académicos sostengan que podemos competir a la par con grandes potencias del primer mundo; Quizás la razón de esta postura  es que subsiste entre ellos una cierta miopía o falta de ética para constatar que temas mucho más profundos son los que nos abrirían las puertas hacia un pleno desarrollo, social y económico-político; pero  no es este el momento para subrayar dichos factores, porque con nombrar la pobreza, la desigualdad, el machismo fundamentalista y la inseguridad que ya se ha vuelto la normalidad,  creo que es suficiente para dar y rendir la idea.   

Quiero, más bien,  reflexionar sobre este punto. O sea sobre el  dilema al frente del cual todos los peruanos con derecho y deber de voto  estuvimos obligados a enredarnos en estos días: si dar nuestro voto a Pedro Pablo Kuczynsky  o a la señora Keiko Fujimori.

A quienes va mi muy férvida crítica son a aquellos que por miles de factores (cobardía reasumiría) el día de las elecciones viciaron o declararon nulo su voto o, peor aún, no votaron.

Vamos a explicar porque es un acto de cobardía y para ello llamo en causa la Constitución; y  para no entrar en debates ideológicos – es tardío el momento – tomo como referencia una cualquiera Constitución. No la nuestra, la del 1993, porque lleva la sombra de un periodo que, sin olvidarlo, ha traído consigo muchos problemas para nuestro País. 

Partiendo del presupuesto de que  nunca hay que regresar hacia atrás, ni siquiera para tomar impulso y tomando la Constitución como una de las cosas más extraordinarias que existan en el mundo, identifiquemos los dos grandes enemigos de dicha base jurídica.

EL primer enemigo es la indiferencia a la Política. O sea, el desinterés a la Política.

Roberto Benigni en uno de sus esplendidos monólogos nos ha honorado  argumentando  al respecto y nos invita a que tengamos amor hacia la política. Nos invita por ende al interés por aquel sistema que nos permite organizar nuestras vidas, nuestro trabajo, la Paz, la serenidad, etc.  Solo la política es quien se ocupa de todo ello, no existe otra ciencia; y mis amigos políticos, los alumnos de esta rama de estudios y quien se ocupa de política lo saben muy bien. 

No tener interés por la política es como no tener interés por la vida, es como no estar interesado no solo por la vida de uno mismo, sino por la vida de nuestros hijos, por su futuro, por su trabajo, por su educación, por su salud, por su buen vivir.  Esto es la política, o sea organizar nuestras vidas.

Pero también hay que aclarar que no tenemos que confundir las instituciones con quienes la representan. Por ejemplo, si un padre se comporta mal con su hijo, si anda golpeándolo cada vez que el niño se equivoca, querrá decir que ese padre es horrible, pero no la paternidad; porque sabemos muy bien que la paternidad es una cosa maravillosa.

También hay que decir que existen políticos que no nos gustan, que no amamos, por razones infinitas, pero decir que todos los políticos son malos ejemplos es lo más lejos de la realidad porque existen políticos ejemplares, modelos a seguir de honestidad, como por ejemplo el ex alcalde del Cusco y ex congresista del Perú, Daniel Estrada, el Qosqoruna, ya muerto a regañadientes debido  a ese monstruo grande llamado Cáncer.

Ahora. Si creemos que todos los políticos son malos, pues, ponemos en el mismo costal a quienes ejercen la política para servir a su pueblo, éticamente, honestamente y con  la voluntad de aportar mejoras para la sociedad. Entonces ojo a no mezclarlos, porque de esta forma favorecemos a quienes se merecen el aislamiento moral, ético y profesional  del entorno societario. Ellos se estarán frotando  las manos si cometemos dicho error.

El segundo enemigo de la Constitución es el no votar. O dicho de forma contraria, votar es la forma más agradecida para elevar en alto la Constitución. Es la única herramienta que poseemos todos nosotros.

Para que podamos votar han muerto miles de personas, por no decir millones. Ha habido luchas y manifestaciones para que tengamos la posibilidad de expresar lo que deseamos.

Siempre hay una diferencia entre dos personas terribles. Entre dos ladrones. Siempre hay uno que es menos terrible del otro. Menos ladrón del otro. Y nosotros, aunque si no lo creamos, tenemos un grande poder sobre el mundo en el cual vivimos; y por más pequeño e invisible que sea este poder, es muy concreto.

Tenemos en nuestras manos el poder de elegir de ir hacia lo que es justo y lo que es injusto; de orientarnos hacia lo que es bueno y lo que es malo. Este poder es muy pequeño, pero existe. La cosa más terrible es no tomar partido, no votar. Es el acto más cobarde que podamos realizar. Es rechazar las muertes por quienes sufrieron para que podamos nosotros emitir nuestro parecer.  Es rechazar años de historia y de luchas que han caracteriza nuestro mundo.

Cada uno hace lo que quiere, esto es justo. Uno puede viciar, o anular su voto. Somos libres y seámoslo siempre también en este acto, pero reconozcamos que si uno vota, aunque si se equivoca, luego tiene el espacio para poder sucesivamente discutir, rechazar, alzar la voz, plantear ideas, organizar conjuntamente la vida de todos, etc. Quien no vota, no tendrá la credibilidad, ni podrá arremangarse las mangas de la camisa, en una mesa o donde sea, junto al adversario para poder organizar la vida de todos nosotros, por el bien común.  Porque evadió la responsabilidad de elegir una opción en torno al asunto más importante de nuestra vida en sociedad: orientar hacia el camino que queremos que nuestro país siga. 

Si no se vota (o no votaste) es terrible, es como cuando Poncio Pilatos  dejaba  que las decisiones las tome las masas. Y las masas siempre eligen Barrabas señores.  ¡Siempre!




Miercoles 06 de Julio de 2016

Recuerdo hace muchos años de haber cursado las asignaturas de Economía Política, Finanza ética y Microcrédito para completar la carrera...