Porque no se interviene militarmente en Venezuela. Los dos niveles del juego: política exterior y política domestica.

Recientemente muchos de mis estudiantes y ex estudiantes, ya sea por e-mails o en los pasajes de la Universidad, me van preguntando con mucho más interés y tanta curiosidad porque nadie interviene con determinación y con fuerza en la crisis venezolana para restablecer el orden democrático. Estas inquietudes se deben no solo al nivel de violencia alcanzado en el país vecino en estos últimos meses, sino también a la posición de algunas instituciones frente a tal situación: el Mercosur es uno de los tantos ejemplos, a lo igual que la reunión de 17 cancilleres el martes pasado en nuestra ciudad de Lima.

Sin duda, la respuesta a esta pregunta lleva consigo una análisis que va mucho más allá del simplismo de nuestros políticos y a la de las agencias de información que buscan obtener únicamente, la mayor parte de las veces, un alto índice de audiencia o rating.

El punto de partida para entender si un Estado puede o no intervenir en los asuntos internos de otro país es comprender la diferencia entre política interna y política exterior. Está claro que si un país interviene en los acontecimientos de otro país, cualquier que este sea, estaría violando el derecho internacional, específicamente el principio fundamental de soberanía; un concepto que toma pié con la Paz de Westfalia en el 1648, cuando asume importancia la Soberanía del Estadoy nace una comunidad internacional casi como la que entendemos hoy en día.

Por razones de espacio y de contexto, me limitaré en los puntos de partida para entender estos dos niveles de juego: política estera y política interna.

La política exterior es el conjunto de comportamientos que un gobierno adopta en las interacciones con otros actores más allá de sus confines, o sea en un espacio geográfico que en gran medida se encuentra fuera de su proprio control. Más en concreto, la política exterior es la herramienta por medio de la cual un Estado procura plasmar su ambiente político internacional con la finalidad de alcanzar sus intereses nacionales.

Tradicionalmente el ambiente político internacional estaba conformado por otros estados y sus propias políticas exteriores. Hoy en día, muchos de los interlocutores son actores no estatales, que desarrollan verdaderas políticas exteriores.Y  soloeste cambioya vislumbra una realidad mucho más compleja de lo que se cree.

A pesar de la clara diferencia  entre política interna y política externa, no hay dudas de que es imposible una neta disociación entre estas dos actividades del Estado. Por ejemplo, la no re-elección del presidente americano Jimmy Carteren el 1980 a favor de Ronald Regan, está directamente relacionada con los factores de política estera: el fracaso de la diplomacia americana frente a la situación de los rehenes en la Embajada americana de Teherán el 4 de Noviembre del 1979. Este fue el acontecimiento que provocó la ruptura de las relaciones entre Irán y Estados Unidos.

A menudo, por otro lado, la política exterior viene instrumentalizada para fines internos: por ejemplo llevar adelante una política expansionista para favorecer al interno el grupo dominante con el prestigio obtenido en el campo internacional.A esto se le conoce como Bonapartismo. O sea, una ideología inspirada en la política llevada a cabo por el Emperador francés Napoleón I. Al respecto, recordemos que durante la guerra fría muchos países decidieron no alinearse con ninguna de las dos potencias mundiales (USA y URSS) para legitimar su proprio poder: Tito en Yugoslavia, Nasser en Egipto, Haile Selassie en Etiopia.

Obviamente, también la política doméstica influye, a menudo de forma directa, las decisiones de política externa. Por ejemplo pensemos a los condicionamientos que en este campo logran imponer los grupos de presión, los partidos políticos yalgunos segmentos del electorado. Un ejemplo de ello es el peso que tiene la lobby Judía sobre la política medio oriental de los Estados Unidos de América.

Aclarados estos simples aspectos preliminares, si es que vemos a  la política internacional como en un segmento horizontal donde los extremos son, por un lado el conflicto y por el otro la cooperación, que constituyen ambos las dos dimensiones esenciales de las interacciones interestatales,  entonces podemos afirmar que la guerra y la diplomacia representan los dos factores que las caracterizan.

En el balanceo  entre estos dos extremos de política internacional (o política mundial), se puede sostener que al político le compite la responsabilidad de administrar las relaciones con el mundo externo, utilizando una lógica propiamente política perocon características distintas, o sea la diplomacia o la estrategia.

 Esen este contexto que se presenta la oportunidad para el diplomático (o para un representante del Estado, como por ejemplo su Canciller) de resolver por medio del dialogo y las negociaciones asperezas y conflictos que surgen en la comunidad internacional. En la norma, frente a conflictos, el soldado entra en la cancha solo si fracasa el diplomático, como para honrar  la afirmación del militar prusiano, historiador y teórico de la Ciencia militar, Carl Von Clauswitz que decía que “la guerra es la continuación de la política con otros medios”.

Finalmente, es por ende que el actuar golpistamente, quizás con alguna intervención militar, ya sea por parte de las Naciones Unidas, no solo sería una clara violación al derecho internacional, sino un camino retorcido que en lugar de restablecer el orden democrático en nuestro país vecino, podría empeorarlo e incluso destruirlo.Iraq y sus consecuencias solo son un claro ejemplo que mi s estudiantes recordaran de esas clases tan extenuantes, pero fascinantes, de política internacional.

 




Jueves 07 de Julio de 2016

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