Ocho

Para la cultura china el número ocho significa suerte, prosperidad. Hay una especie de mito alrededor que hace que en dicho país los departamentos ubicados en los pisos 8, 18 o 28 tengan mayor precio que en cualquier otro. Asimismo, al comprar un celular, un número con varios ochos será más caro. Pero, ya sea por los departamentos o teléfonos celulares, los chinos pagan felices el mayor precio porque así estarían apostando por una mayor suerte en la vida.

Lo que en algunos países es bueno en otros puede ser malo. En el Perú, por ejemplo, el ocho es una fatalidad. Cada día mueren, en promedio, ocho personas en accidentes de tránsito. No hablo de las registradas en las ciudades, pues los números seguramente serían de espanto. Me refiero al pasajero que sube a un bus interprovincial o decide viajar con su familia en su propio carro y arriesga lo más valioso que tiene. No la billetera, expuesta a los miles de asaltos que hay a diario en los caminos que serpentean las cordilleras, hablo de lo realmente importante, la vida.

Ocho diarios es un número altísimo. Quizá solo separado del total no lo parezca, pero ¿qué opina de 3.590 al año? Solo el primer semestre de 2014 contabilizó 1.406 muertos. A esas cifras escalofriantes se llega multiplicando los ocho muertos diarios por la cantidad de días que usted quiera calcular. Ocho personas sanas que por ningún lado veía venir la muerte, que se transportaba tranquila por diversión o trabajo. Esa gente que inocentemente se subió a un bus interprovincial o manejaba por su cuenta no llegará a su destino. Solo sucederá que su encuentro con el Señor sea antes de lo imaginado. 

Duele ver por televisión las impactantes escenas de buses que han rodado cientos de metros y cuyos pasajeros se convirtieron en cadáveres en cuestión de segundos. Así, la policía se esfuerza por encontrar sobrevivientes para trasladarlos rápidamente a una posta médica o un hospital. No tengo que contarles, creo, las condiciones en que andan esas postas y hospitales, tan llenos de carencias, que a veces llevar a los heridos es un mero trámite, morirán de todas maneras porque no contarán con las medicinas ni las condiciones para salvarlos. Alguien más que tendrá una cita adelantada con Dios.

 

¿Quiénes son los responsables? Creo que varios. El chofer que por presión de sus jefes trabaja más horas de lo permitido y es presa del cansancio y el sueño. O el mismo chofer que por ganarse algo más para alimentar a su familia toma más horas de las físicamente posibles. Los choferes que se duermen son una constante de enorme gravedad, pero más culpables son aquellos que se han tomado unos traguitos y creen que el alcohol bebido no afectará su capacidad para llevar a cien personas de Andahuaylas a Abancay. 

Pero no siempre es justo que la pita se rompa por el lado más débil. Es cierto que, muchas veces, el chofer trabaja más horas de las que debe. Pero no siempre es por su decisión. ¿Cuántos propietarios de buses exigen que trabaje más horas y no ponen reemplazos para rentabilizar al máximo su negocio de transporte? Sí. La codicia de estos ‘empresarios’ también mata a ocho personas cada día. La obtención de mayor ganancia con los menores costos posibles no es siempre un tema de eficiencia. Aquí hay un caso de mezquindad y de delito. 

La Policía también tiene su parte de responsabilidad. Existe la Policía de Carreteras, ellos deberían detener aleatoriamente, claro, a los buses y verificar la velocidad a la que iban y si tienen chofer de reemplazo o si sus condiciones físicas son óptimas. Lástima que la Policía no haga esto y que, si bajan la velocidad, sea para evitar una multa o coima. Es trágico tener una Policía así. Pero, otra vez, que el hilo no se rompa por el lado más débil. ¿Esos policías están bien pagados, les dan sus viáticos, trabajan las horas adecuadas o son, como siempre, personas que no tienen para el Estado más valor que el mínimo que figura como sueldo en su boleta y a la que llenan de bonificaciones con miles de nombres para no aumentar la cifra pensionable? Son miserables que juegan con los derechos, bien merecidos, de los miles de policías buenos que tiene el Perú. 

Imagino que es una policía desganada, que se cuadra en algún recodo del camino a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar, se muere de frío y lo último que quiere hacer es bajar de su cálido carro patrullero. 

El Ministerio de Transportes y Comunicaciones cree que basta con construir la carretera. Claro que es bueno y urgente tener más carreteras, pero es tan o más importante darles permanente mantenimiento. En la sierra, por ejemplo, el granizo destroza los caminos, además muchos de los constructores no pusieron el asfalto o cemento exigidos por las bases de la licitación (el permanente empeño en ganar más sin importar a qué costo). Bueno, el granizo y la mala obra crean huecos en las carreteras. Huecos hondos. Como es natural, todos queremos evitar los huecos y al hacer la maniobra podemos perder el control y desbarrancarnos. El mantenimiento de las carreteras bajaría, estoy seguro, rápidamente ese ocho que nos atormenta. Pero también nosotros, los pasajeros, seamos fiscales del viaje. Atentos a que no se exceda la velocidad, ver con atención que el chofer no esté ‘cabeceando’ por el sueño. Si no somos parte de la solución, somos parte del problema y, en este caso, el problema se traduce en muerte. 

Exijamos a todos los que están relacionados con el transporte provincial a ser más serios, más responsables y mucho más cuidadosos. Nadie quiere adelantar su cita con el Todopoderoso.




Viernes 26 de Junio de 2015

En el Perú se producen diariamente un enorme número de noticias. Estas son seguidas con atención por millones de personas....