Del APRA a la Alianza Popular

En la última entrevista a El Comercio el ya candidato Alan García ha revelado lo que en líneas generales será su programa de gobierno para disputar las elecciones nacionales: el propósito es convertirá al APRA en la Alianza Popular. ¿Cómo lo hará?

“Hay un modelo que está agotado” sostiene García. No se equivoca. El modelo agotado es el del Perú oficial, que es minoritario, pequeño en relación con el otro Perú: el Perú real, ese espacio donde millones de ciudadanos han creado intensos mercados populares que sostienen de una u otra manera la democracia peruana, el crecimiento y son el nuevo rostro del capitalismo popular. En este agotado modelo el enorme aparato estatal funciona solo para una minoría más no así para esa inmensa mayoría de peruanos que crean riqueza sin pedirle un cobre al Leviatán. Peor aún, esa inmensa mayoría de emprendedores han sido empujados a la informalidad o son condenados para siempre a la ilegalidad.

García no se equivoca en absoluto cuando señala que la diversificación productiva es una “agañaza, un enredo y una oferta de la época de Velasco”. Millones de peruanos han empezado la diversificación productiva sin la anuencia de un aparato estatal aprisionado por el burocratismo salvaje o las erradas decisiones políticas de la pareja presidencial. En el norte agrícola contrario a los “barones del azúcar” ha surgido una clase media agrícola con sociedades anónimas de accionariado difundido. El desarrollo agroexportador en Ica, La Libertad, Lambayeque es inexplicable sin el empuje de grandes inversiones que han creado cadenas de valor a la que se amarran pequeñas y medianas empresas. La diversificación productiva ha empezado sin la luz verde del gobierno nacionalista.

No obstante la pobreza todavía está presente sobre todo en las zonas rurales costeñas, en la sierra o en selva, lejanas a los mercados. Vale recordar que en el segundo gobierno de García se puso en marcha fórmulas en que el estado apoyaba directamente al sector productivo. Procompite es un buen ejemplo. Aunque vagan verdades la intermediación ineficiente de la burocracia ha complicado que el Procompite sea un arma para aliviar la pobreza. Alguna vez Haya de la Torre dijo que el propósito del aprismo “no era quitar la riqueza, sino crear riqueza para el que no la tiene”. Ha llegado la  hora del apoyo directo al campesino que aún no puede crear riqueza a través de nuevas fórmulas en que el estado sea más eficiente y efectivo. El desarrollo del Perú no puede ser concebido sin la liberación de las fuerzas productivas de grandes, medianos o pequeños. El estado puede ayudar a crear mercados más productivos y competitivos.

Si de lo que se trata es construir una nueva mayoría quizá ha llegado la hora de borrar la línea absurda que divide al Perú oficial del Perú real. El modelo agotado es el que prohíbe al ciudadano andino tener la propiedad del subsuelo y no participar en mejores condiciones en la creación y distribución de la riqueza, el modelo agotado es el de la burocracia salvaje que se atribuye para sí una diversificación abstracta. Solo si el APRA se convierte en la Alianza Popular, en la unidad de las mayorías sociales y productivas del país triunfará electoralmente.      

 




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