La izquierda limeña pasa piola (y santos apisona), por Iván Arenas

 

Susana Villarán sostiene que –durante su gestión- jamás le dieron alguna coima para beneficiar a las empresas brasileras. Ello puede ser cierto. Terrible y difícil se hace creer que Susana haya tomado algún centavo a costa de la autoridad que le dieron los ciudadanos para que gobierne Lima. Ojalá y los que creen en la palabra de la ex alcaldesa también puedan juzgar a otros políticos con la misma vara. ¡Ojalá! Pero existen serias evidencias de que algo extraño ocurrió en su gestión que favoreció a las empresas brasileras. Si ella no fue, entonces fue una mano amiga o conocida, vaya usted a saber. Ello no le resta un gramo de responsabilidad política. Susana, al fin y al cabo, fue la cabeza de la gestión donde aparentemente los vivos brasileros se beneficiaron.

Sino miren el comunicado que ha publicado días atrás el ministerio de Justicia. ¡711 millones de dólares habría sido pagados en coimas! ¿Quiénes pagaron? Rutas de Lima, consorcio brasilero que entre Odebrecht Participacao e Investiment filial Perú y Constructora Norberto Odebrecht S.A. Sucursal Perú se asociaron para ganar malamente el proyecto Vías Nuevas de Lima, durante el gobierno municipal de Susana Villarán. ¿A quiénes coimearon? Pues allí está el detalle. La Fiscalía ha formulado acusación por colusión y cohecho contra Rutas de Lima. De aquí en adelante, previa una larga investigación, conoceremos nombres y apellidos de los corruptos.

Ahora bien, la izquierda limeña ha callado sobre la investigación a Rutas de Lima y la responsabilidad de Villarán. Repito, no es que creo que sea corrupta, pero en su gestión sí ocurrió algo.  Pero la izquierda limeña sigue quieta. Es que hay tropezones en la vida y no solo golpes. Amén de una pequeña bancada parlamentaria que no encuentra unidad ni tampoco una agenda para el país, la izquierda limeña tiene que lidiar con la responsabilidad de haber apoyado a Toledo y a Humala, dos ex presidentes que tienen suficientes pruebas como para estar en prisión, por lo menos preventiva.

A su falta de ya cohesión, a la izquierda le aparece un nuevo grupo. Uno más. No se ría. Pero afuera, lejos del Parlamento hay otra izquierda popular, chola y en clave ganadora. Lejos de las entelequias universitarias de la PUCP, de las revoluciones en los cafés miraflorinos y de los fines de semana en el club de siempre, se alza otra izquierda emergente y popular. Esta izquierda sí tiene a Juan Pueblo como sujeto histórico y no a Susana Villarán. ¿Adivinen quién es el líder? Pues Goyo Santos.

 




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