La República, Concepción Carhuancho y la democracia

La decisión del Juez Concepción Carhuancho de otorgar prisión preventiva para las cabezas de las principales empresas consorciadas con las compañías brasileras en los casos de corrupción, pueden tener un significado profundo para la República, el Estado de Derecho y la democracia en el Perú. ¿Por qué? Porque de alguna manera, quien actúa al margen de la ley así tenga con plata, poder y apellido, tarde o temprano será acusado en el banquillo de los condenados.
De alguna u otra manera quienes suelen vociferar contra la democracia soslayan que ha sido ésta –la misma democracia- que ha puesto –como se dice- las cosas en su lugar. Es decir, la democracia se defiende. Vale recordar que es la misma democracia que puso detrás de rejas a generales de tres y cuatro estrellas que durante el fujimorato se dedicaron a robar con complacencia de Vladimiro Montesinos. De allí que, si algo bueno sale de todo el tinglado de corrupción es que la democracia, con todos sus errores y limitaciones no perdona. En todo caso, solo si las instituciones de la democracia peruana resisten al vendaval brasilero estaríamos entonces estamos ante una tremenda sorpresa porque ello significa que vamos camino a la longevidad, característica de los países desarrollados.
Ahora bien, quizá dentro de las reflexiones que emergen en todo el caso de la corrupción brasilera vale indicar que quien delinque, así tenga todo el poder económico o apellido, no podrá escapar al brazo de la justicia. ¿Por qué resaltamos el anterior razonamiento? Porque una de más infaustas herencias coloniales -y que persistieron durante la república- era que quien tenía el poder económico, el apellido y las relaciones familiares, tenía carta libre para las más diversas tropelías con total impunidad.
¿Por qué? Por la razón de que la República de siglo XIX fue un proyecto no de iguales sino de diferentes. Un Perú criollo, con derecho al voto, la educación, la propiedad y la ciudadanía se alzó sobre otro Perú excluido. Este Perú criollo utilizó su poder económico, sus relaciones y sus apellidos para las más diversas injusticias.
No obstante, con la emergencia de una nueva sociedad –andina y cobriza- la República ya no excluye del voto, la ciudadanía ni la propiedad. De allí que hoy un juez de raíces andinas apellidado Carhuancho puede encarcelar preventivamente a un miembro de las familias más poderosas del país.

 




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