Transfuguismo nacionalista

El nacionalismo no es un partido político, a lo mucho es una agrupación de trepadores y aventureros de la política que están reunidos entorno a intereses personales y al caudillismo. No se le puede considerar como partido político, porque sus ideas (si es que acaso las tiene) no se desarrollan a través de planteamientos universales y ni siquiera representan a una clase o sector específico de la población peruana. En el 2011, el humalismo llegó al poder gracias a la recalcitrante campaña antifujimorista y a cuentos populistas como el del gas a 12 soles. Si bien es cierto, la crisis política es un problema transversal (afecta a todos los partidos), el nacionalismo es el colmo del desastre en estos casos.

El resquebrajamiento de la bancada nacionalista (16 miembros de esta bancada han abandonado a Humala, en pleno Gobierno), solo puede evocar uno de los capítulos más oscuros de la historia política reciente, cuando se demostró, a través de la difusión del primer vladivideo, la compra congresistas opositores para que se pasen a la bancada fujimorista. No ha cambiado mucho el parlamento desde ese entonces: actualmente los congresistas nacionalistas cambian de bancadas por plata, candidaturas a futuro, actividades en sus comunidades, etc. Este ha sido el caso de Sergio Tejada, Verónika Mendoza y otros exnacionalistas. Obviamente, esto desprestigia el trabajo parlamentario, ¿dónde queda la representación ciudadana? Además, los electores eligen un número determinado de bancadas y en el transcurso se crean 8 bancadas o más. El resquebrajamiento de la bancada nacionalista no llama la atención, ya que como dije, no es realmente un partido político, sino un conjunto de aventureros de la política que no representa a casi nadie.

Lo peor es que estos tránsfugas creen que al abandonar a sus bancadas no pagarán el precio de los errores cometidos por el Gobierno y que no asumirán la responsabilidad que les corresponde, a pesar de que ellos abalaron y defendieron, a Humala, quien desde ese entonces ya estaba cuestionado por casos de corrupción (compra de testigos en el caso Madre Mía); violación de derechos humanos (caso de Capitán Carlos en Madre Mía) y su militarismo chavista. Creen que tienen autoridad moral porque, supuestamente, no se les puede cuestionar sobre los errores del barco que abandonaron en pleno curso, porque no tuvieron la capacidad de fortalecer internamente a su partido. Creen que tienen autoridad moral.

(*)Egresado de la carrera de Lingüística en la UNMSM. Participa activamente en la política peruana.