Buena, don Francisco

La reciente actitud del presidente del Jurado Nacional de Elecciones, Francisco Távara, es digna de elogio, pues de forma proactiva está propiciando el diálogo entre los partidos políticos e instando al Parlamento a que acelere la aprobación de las reformas políticas pendientes.

El Congreso tiene en sus manos, listo para su debate y aprobación, desde el 11 de septiembre del año pasado, el dictamen de la Comisión de Constitución que propone algunas reformas a la Ley de Partidos Políticos, Ley 28094, entre ellas la que establece nuevos requisitos para la inscripción, cancelación, declaración de ilegalidad, y financiamiento público directo de los partidos políticos.

Dentro de los aspectos de importancia que rescato del dictamen, está el relacionado a la formación de los militantes de los partidos políticos, para capacitarse en aspectos ligados al manejo de los gobiernos estatales. Sin embargo, el texto no establece un porcentaje mínimo del financiamiento público para esta formación, lo que constituye un elemento de riesgo puesto que el presupuesto general establecido por esta ley podría tener fines diferentes para los cuales está previsto.

Dicho riesgo podría reducirse, además, si la norma estableciera la participación de la Contraloría General de la República en el control para los fines estipulados de estos recursos públicos.

Ahora bien, es importante esta reforma de los partidos políticos, sin embargo ¿cuándo el Congreso va a legislar sobre las reformas relacionadas al voto libre y a la reestructuración de los distritos electorales para mejorar la representación parlamentaria, hacerla eficaz y realista?

Creo que el Legislativo debe tomar en serio las reformas estructurales del funcionamiento del sistema político; los partidos políticos son solo una parte del problema, ya que poco haremos tratando de fortalecer a éstos si a la par no se articulan cambios para mejorar la calidad del voto y que los congresistas elegidos tengan una relación más cercana con el ciudadano.

El actual sistema de elección congresal y presidencial, en la que el votante acude por obligación a las urnas y no por convicción, hace que los ciudadanos acudan a votar sin tener conciencia informativa de los candidatos.

El voto obligatorio mengua la calidad del mensaje de la oferta electoral, y este se vulgariza al generar propuestas electorales que son imposibles de cumplirlas, que se realizan solo por llenar la oreja del votante.

Por otro lado, la actual distribución de curules en el Congreso no garantiza una buena relación parlamentario-ciudadano, ahondando la crisis de representación y generando, al poco tiempo de ser elegido el nuevo Congreso, un desgaste que bien podría evitarse creando distritos electorales pequeños para que el ciudadano tenga un verdadero contacto con el parlamentario y, por ende, esté mejor representado.

La actitud de don Francisco es positiva. Esperemos que los partidos acudan al llamado del presidente del JNE, para que el Congreso se ponga las pilas y realice prontamente las reformas necesarias.




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