De preguntado a preguntón

Me animé y comencé una travesía por el mundo de la radio por Internet. De pasar de preguntado a preguntón resultó una experiencia saludable para mi formación empírica en comunicaciones. No soy comunicador, pero me encanta intentarlo cada vez que se presenta la oportunidad. Estar frente al entrevistado, mirarlo a los ojos, observar el juego de manos que hace cuando pretende expresar con claridad alguna idea, se convierte en mi espejo diario.

En lo que va de la semana, tuve la suerte de poder entrevistar a la presidenta del Consejo de Ministros, Ana Jara, a un alcalde reelecto, Enrique Peramás, y a un exalcalde, Enrique Dupuy.

Cada uno con matices diferentes, pero con un común denominador; el deseo de querer cambiar las cosas para hacer mejor la vida de sus gobernados.

El método que uso en cada entrevista, si acaso existe alguno, es el de la improvisación. Improviso cada segundo que estoy al aire; mi joven productor, antes del inicio del primer programa, me preguntó: ¿se ha preparado para entrevistar a la Presidenta del Consejo de Ministros y al alcalde del Rímac? No, le respondí, y sus ojos se abrieron cual naranja partida por la mitad.

Creo que las mejores charlas se dan cuando las preguntas brotan del espíritu, sin estereotipos o acartonamientos. El lado humano del gobernante es lo que pretendo rescatar en cada entrevista que realizo; hacer que ellos se sientan cómodos y relajados para que emerja el lado humano que tienen dentro.

Algunos creen que el gobernante no es un individuo como cualquiera de nosotros, que no duerme ni bosteza y que no tiene derecho a equivocarse, que debe ser perfecto, y eso no es verdad ni real.

Cuando decidí hacer radio, lo hice con la intención que el oyente conozca el lado no político de los políticos, es decir dar a conocer el lado humano de las personas que ostentan el Poder.

Me propuse, y espero lograrlo con el tiempo, que los oyentes sientan que sus gobernantes son como ellos y que el lugar que ocupan es solo pasajero; que tienen frustraciones y, sobre todo, emociones. Durante los días que tengo en la travesía radial, he notado que cuando rescatamos el lado humano de los que hacen política, su predicamento se vuelve mortal, que su lenguaje cambia y se hace más entendible para el común de las personas.

Hacerles preguntas simples sobre su vida diaria les permite que su mensaje político sea bien recibido. Cuando el político habla con el sentimiento, el mensaje llega directo y sin escalas al consciente de quien los escucha. He notado que las personas desean que los gobernantes hablen como ellos, sientan como ellos y den soluciones a los problemas del día a día que tienen ellos. El gobernante debe pisar la misma tierra que sus gobernados y no estar flotando sobre ella.

Quiero contribuir con mi granito de arena, ya sea por la radio, la televisión o con este hermoso espacio que me brinda el diario Expreso, en la formación de buenos ciudadanos para cuando gobiernen.




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