Hay tragedias porque no hay prevención

Nos encontramos en una zona geográfica donde suele haber fenómenos naturales que causan mucho daño a los pobladores. Los huaicos y heladas, por ejemplo, siendo de características antagónicas tienen factores comunes como su aparición sistemática, es decir se repiten recurrentemente, con distintos calibres casi todos los años. Sin embargo, teniendo esa ventaja, la de la certidumbre que van a ocurrir,  las autoridades no hacen absolutamente nada para minimizar sus efectos. Se hacen de la vista gorda y de esa manera no toman ninguna medida preventiva. Por ello, año tras año, caen los huaicos, acontecen las heladas, la gente muere o pierde sus propiedades y las autoridades acuden, cual héroes, a ofrecer ayuda o sacan, presurosos, dispositivos de emergencia, que les permite comprar sin licitación y a veces con sobreprecio o de lo contrario encargar obras sin concurso a empresarios de su cercanía o entera confianza. Es decir en lugar de prevenir evitando un sinfín de deterioros se aprovechan de situaciones de emergencia para incurrir en una serie de actos sospechosos. Como es de suponer, la inútil Contraloría, no dice nada sobre el particular. El accionar se repite todos los años, al igual que los fenómenos desastrosos, sin que nadie diga nada.

He allí el núcleo del asunto. En lugar de celebrar que ministros y alcaldes se apersonen a la zona de desastre al igual que congresistas con ganas de tomarse un “selfie” con la población, se les debe llamar la atención y reclamar por qué no se hace nada sabiendo que los eventos del desastre se repiten sistemáticamente. Teniendo a su favor la certeza que el fenómeno se va a repetir, pues así lo demuestra la estadística, no se hace nada por prevenir. Ello constituye un crimen, un delito, pero sin embargo pasa desapercibido.

Tomemos como ejemplos a dos países, uno vecino y otro distante, Chile y Japón. Ambos están ubicados en zonas altamente sísmicas. En ambos se repiten los terremotos año tras año, en momentos impensables sin posibilidad de calcular su ocurrencia. Hay muertos, sí, pero las tragedias son mínimas porque toman medidas preventivas que obligan a cumplir. Si no lo hicieran así, la tragedia sería mayúscula como suele suceder en nuestro país.

No hay nada que celebrar en cuanto al comportamiento de nuestras autoridades, sea presidente o alcalde, ministro o congresista. Ninguno hace el mínimo esfuerzo para prevenir, lo cual es lamentable, porque los huaicos no son novedad en nuestro territorio al igual que las heladas. Sin embargo por esa falta de prevención año tras año, mueren ciudadanos, por la indiferencia y cálculo de autoridades que tienen otros estímulos y prioridades.




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