Bernie Sanders: Ganar perdiendo

En las últimas semanas no he dejado de sorprenderme con el nivel de polarización que despierta Hillary Clinton en los Estados Unidos. En una elección en la que lo lógico es que todos estén concentrados en qué hacer con el Nomidado republicano, es común escuchar en las calles y  medios sobre las fallas de Hillary Clinton como candidata y la posibilidad que pierda en las elecciones generales. Las razones: el nivel de descrédito que tiene al representar a la clase política establecida y los intereses privados a los que ha sido útil. Las encuestas, en noviembre, afirmaban que Clinton derrotaría a Trump, pero Bernie Sanders —el rival demócrata que se está quedando a pocos votos de ser elegido como candidato— aparece ahora como un mejor rival, y representante del estado de ánimo estadounidense. El cual está cansado de la élite económica y política.

Bernie Sanders todavía no admite su derrota; sin embargo, todos los números apuntan que empezó su campaña un poco tarde. Además, la diferencia que Clinton sacó en los Estados del Sur ha sido imposible de revertir. Sanders ha venido ganando terreno con el tiempo y en las últimas encuestas a nivel nacional ya supera a Clinton en popularidad, pero como las elecciones son por Estados su única esperanza es que el establishment demócrata gire a la izquierda al ver que Clinton no puede ganar la elección general.  No obstante, la plataforma que presentó Sanders y lo ha llevado a ser el número dos en el partido demócrata ya ha triunfado, haciendo que la campaña deje de ser un referéndum sobre Obama para convertirse en una discusión sobre: el sueldo mínimo, los derechos de los trabajadores, el calentamiento global y combatir a la especulación de Wall Street. Es decir, Sanders  ganó políticamente a pesar de haber perdido en votación.

Bernie tiene un campo de acción muy abierto para los futuros meses. Desde aceptar ser el vicepresidente de Clinton hasta empezar un nuevo partido, algo que sus propios simpatizantes me confesaron sería lo más lógico para su movimiento. Sin embargo, con todo lo que ha avanzado Sanders y siendo él un senador con más de 30 años de experiencia, dudo que patee el tablero y divida la votación liberal y progresista. Lo cierto es que el movimiento que representa no lo empezó él, pues viene de las marchas contra Wall Street y, claro, no terminará en esta elección, sino que tiene todavía para mucho por delante.




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