La democracia está trabada

Esta semana se dieron elecciones en San Marcos, la universidad más antigua de América, en un clima de completo descontrol y abierto boicot de parte de las autoridades universitarias, al punto que apagaron la luz para no poder contar los votos y todavía no hay resultado conocido. Esta es sólo una raya más al tigre de un colapsado sistema de autoridades en todas las instituciones del país, donde no se salva nadie, ni los colegios profesionales, ni los partidos políticos ni las universidades privadas (la mayoría de las cuales enseñan a sus alumnos que es mejor tener un dueño a tener un líder elegido democráticamente). En el Perú no impera la ley del más fuerte o que tiene más gente, impera la ley del que está mejor con el poder de turno. ¿Puede continuar así la democracia?

Hace unos meses la ONPE y el JNE plantearon una serie de reformas que fueron apoyadas por la mayor parte de los medios de comunicación y los colectivos juveniles que nos sumamos a la iniciativa, sin embargo  la discusión en el congreso se congeló luego de algunas reformas menores como la que ponía mayores restricciones al voto golondrino. Una de las reformas que no se llegó a discutir fue precisamente la que proponía que la ONPE y el JNE sean los encargados de llevar las elecciones internas en los partidos políticos, garantizando que no sean procesos arreglados por Tribunales Electorales parcializados como viene sucediendo. Esta reforma se cae de madura y se tiene que extender a todas las instituciones como las universidades e incluso a sindicatos, donde vemos como partidos políticos sin ninguna representación a nivel nacional continúan controlando los principales sindicatos a base de pura maña electorera.

Son muchos los intereses que se mueven detrás de una elección, y no se puede concebir una democracia sin que las autoridades elegidas sean productos de consensos efímeros o fraudes fragantes, que es como se va a elegir a la nueva  administración de San Marcos. También es verdad que es casi imposible que estos cambios vengan del Congreso, donde casi todos son productos de estos sistemas de elección de candidatos a dedo, por lo que se hace urgente la presión de la sociedad civil. Un nuevo pacto social es necesario, y ahora que se viene un año electoral sería importante que los candidatos opinen sobre esta importante reforma que puede cambiar totalmente el mapa político del país. Por ahora nuestra democracia está trabada a espera de nosotros. 




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