¿Quién puede vencer a Trump?

Escribo este artículo a unas horas del debate del partido demócrata en Miami a 8 días de una de las primarias más importantes para el partido del actual presidente Obama; sin embargo, lo que está en la cabeza de todos en ésta ciudad no son las propuestas de Hillary Clinton y Bernie Sanders, sino el posible contrincante en las elecciones generales, Donald Trump, quien ha polarizado el país capitalizando el rechazo a la clase política. Por meses la prensa norteamericana y el establishment republicano se burló de Trump y sus propuestas demagógicas, pero la risa se convirtió en pánico y ahora sólo queda la pregunta de quién podrá derrotar a un candidato que puede cambiar de posición en un tema cada dos días y hacerlo con tanta gracia que un 35% de republicanos no lo culpa, sino lo aplaude y cobija en sus brazos.

Las cartas por el lado demócrata no son mucho más estables. Hillary Clinton creía tener una carrera limpia hacia la nominación, pero su oposición vino por el lado tal vez menos esperado: los que piensan que Obama fue demasiado centrista y complaciente con la clase millonaria, sentimiento que ha sido aprovechado no por una figura nueva o joven, sino por un añejo senador de 74 años del pequeño estado de Vermont que tiene como principal cualidad haber tenido el mismo mensaje contra las elites dominantes desde que empezó su carrera política en los sesentas. Hacia el debate en Miami Clinton ha ganado la mayoría de delegados gracias al apoyo de una red de gobernadores demócratas y el voto afroamericano, mientras que Sanders viene ganando entre los jóvenes, los más educados y entre los sindicatos que se oponen a los tratados de libre comercio impulsados por Clinton y reafirmados por Obama.  Si Sanders gana en Florida todo estará en empate mediático sin importar la cantidad de delegados.

Las encuestas dicen que cualquiera de los dos candidatos derrotaría a Trump, pero Sanders por una ventaja más amplia. Lo cierto es que Hillary por ser figura nacional por 25 años tiene una cantidad ostensible de anticuerpos y es percibida como una candidata de la élite de Washington; Sanders por su parte lleva la mochila de ser auto declarado socialista (en la variante europea) y judío, lo que le daría una gran carta a Trump de repetir el mensaje xenófobo y movilizar a la clase media baja blanca contra una amenaza comunista. En otras circunstancias Hillary podría vencer sólo con el mantra de una mayor organización, pero el mensaje de Sanders viene acompañado de algo sin precedentes: su campaña se ha negado a recibir dinero de las corporaciones y ha logrado movilizar a la población con pequeñas contribuciones online que en un solo día de Febrero llegaron a los 5 millones con un promedio de 27 dólares cada una.

En 1964 el partido republicano tuvo un candidato muy parecido a Trump llamado Barry Goldwater, quien se opuso a todo lo que Kennedy había hecho por las minorías raciales y los pobres antes de su asesinato. El resultado fue que el sucesor demócrata, Lyndon B. Johnson, arrasó con un 61% y llevó a una segunda ola de derechos civiles más agresiva que la primera y expandió los derechos sociales como nunca antes. Tanto Sanders como Clinton se han cuidado de no atacarse demasiado para procurar la unidad en las elecciones generales, tengamos fe que en esta ocasión la historia se repita y la demagogia antipolítica se mantenga fuera del poder en la primera economía del mundo. 




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