EL PROFESOR DEL GIMNASIO

 

Cuando tenía14,  mis hormonas y yo solo queríamos impresionar a las chicas. Así, la primavera del 88, junto a mi amigo Adrián  decidimos ir a un gimnasio de barrio en Surco, para “sacar músculos” y así poder lograr nuestros loables y grandes objetivos.
“Hola chicos, mi nombre es Peter, soy su nuevo instructor de gimnasio" .---Nos dijo sonriente el profesor de 42 años, rubio y fornido, de gruesos y castaños bigotes con una temprana calvicie parecida a la de Hulk Hogan en los 80.
“¡Bueno, ahora a trabajar!”---Nos emplazó directamente. Como tres horas estuvimos haciendo ejercicios ese día. Y si veía que cumplíamos bien con lo previsto, nos hacía trabajar el doble:
“¡¿Queeé?!, ¡¿Están cansadas?! ¡Parecen unas niñitas delicadas!, ¡Adelante que solo faltan 100 abdominales!"
Ya finalizando ese primer día, el profesor nos preguntó de a dónde íbamos después. Nosotros le contestamos que a nuestras respectivas casas ubicadas muy cerca del Gym. “¿Y cómo se van?”.  “En mi carro”---Contestó Adrián orgulloso de ya poder conducir a esa edad.
“¿Ustedes creen muchachos que me pueden dar "una jaladita"al paradero del autobús aquísito nomás?"
"¡Claro profesor!, ¿por qué no?" -Contestamos al unísono.
El instructor se ubicó en el asiento del copiloto: “¡Ponte algo de música pe compare!”---Le sugirió entusiasta el bigotón a Adrián mientras éste conducía.
“La radio no funciona”---Contestó mi amigo, de manera sucinta y tranquila, educadamente tajante.
“¡No hay problema, para eso estoy yo on! ; ¿Qué quieren que les cante?”---Respondió alegre el rubio gorilón. Nos quedamos mudos.
“¡Cuando calienta el sol, aquí en la playa siento tu cuerpo vibrar cerca de mi…!”---Comenzó a cantar, casi gritando, y horriblemente desafinado.
“Ahora que me acuerdo, solo hay una emisora en la radio que funciona profesor”---Aclaró mi amigo puntual e inmediatamente.
A lo que el instructor enseñando toda su gran dentadura le contestó: “Ya pe, habrá que escucharla ¿no on?"
Inmediatamente vimos como todo su voluptuoso cuerpo, con bigote incluido, comenzaron a agitarse y a moverse al ritmo de la música de "La octava dimensión" y su canción: "Nunca cambies", dentro del pequeño Volkswagen: “¡Esto es alucinante cuñaos!, ¡Yupiii!¡Yujuuu!, ¡Holaaaa!”---Decía contoneante, mientras saludaba con sus dos manos a los carros de al lado, como si fuese un niño pequeño que se acababa de subir a un carro por primera vez en su vida.
“Profesor, creo que éste que viene es el paradero donde pasa su  micro, ¿Lo dejo aquí?”---Sugirió Adrián.
“No hermanito, el paradero de mi micro  es mas allá todavía, ¿Puede ser amiguito?"
"Ya" - Contestó mi amigo imperturbable y con la mirada fija hacia adelante.
"Conduce bien bacán tu pata, ¿no on?”
“Si profesor”---Le dije con los ojos bien abiertos.
Así pasamos como 5 o 6 distritos limeños  y  nuestro profesor seguía extasiado en su rítmico mundo de alegría. Recuerdo ver el puerto del Callao, luego de casi 2 horas de viaje. Divisando en el faro del lugar a una mujer muy guapa frente al océano pacifico, sentada en una roca aledaña. Llevaba  una bufanda blanca primaveral, de tela muy ligera, la cual revoloteaba coquetamente, bailando desordenadamente al ritmo de la fuerza del viento marino.
Al verla el profesor expresó: “Aquí me dejan muchachos, tengo una cita con ella.. Bueno...¡Muchas gracias  campeones!, ¡Nos vemos el lunes; Chau!”
Nunca más lo vimos. El dueño del gimnasio lo despidió por motivos que desconocemos. Le quisiera dar las gracias y decirle que la pasamos excelentemente bien con él en la clase y fuera de ella. Que nos disculpe de no haber seguido sus movimientos a la primera y es que recién estábamos aprendiendo a bailar.
 
Arq. MIGUEL ANGEL ROMERO MALDONADO
 
 




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