Vive la vida.

 

La semana pasada lleve mi carro al taller para mantenimiento mecánico y ahí se quedó hasta nuevo aviso. Por lo que me dispuse a usar el bus después de años. Al subir a este  me percate inmediatamente de un ambiente no verbal de mucha violencia contenida.  En las miradas, en los gestos y sobretodo en el irrespeto continuo del “Espacio mínimo vital”, es decir en querer invadir el espacio personal del otro sin decir permiso o disculpas. De “manera solapa sin que el otro se dé cuenta” porque “yo soy vivazo”.   Johana Noles recientemente haya pensado así al pasar de manera displicente al lado de Percy Vizcarra en la cola rápida del Tottus de la Fontana.  Lo mismo habría ocurrido algunos años atrás con las mujeres peruanas que se colaron en la cola del embajador ecuatoriano Rodrigo Riofrío Machuca.  En este caso el diplomático reaccionó hasta el final.

El espacio mínimo vital es como un áurea que  tenemos todas las personas alrededor de nuestro cuerpo, la cual marca límites respecto a nuestro territorio íntimo personal. Solo permitimos su buena transgresión a  seres queridos o de mucha confianza. En nuestro país esto ni lo pensamos. En muchos casos al caminar por la vereda, la gente roza al otro agresivamente, inclusive viniendo del lado puesto. Esto se análoga al tránsito de vehículos, donde no solo estos son los protagonistas de transgresión pues muchas veces el propio peatón camina en el medio de la pista, despreocupadamente, cruzando sin mirar. Solo faltaría que tuviese un whiskey en mano y un puro mientras lo hace.

¿Usted cree que estos incidentes tengan una raíz en la coyuntura actual del país?: Reuniones para mejora del País con PPK y Keiko,  Ollanta y Nadine en la incertidumbre. Incendios trágicos; Explosiones de gas en San Isidro. ¿Esto influye aún más  en nuestro ya trastocado  comportamiento?

Estudiando Ingles de negocios en Edimburgo el 2003 un profesor entrañable llamado Frazer nos puso una canción del grupo Travis donde hablaba de que en Escocia todos los días eran iguales, tranquilos y predecibles. Me identifique mucho ya que como peruano supe apreciar un sosiego como sociedad que no conocía. Sin embargo, se conoce que esa “tranquilidad” en exceso  podría producir tasas de suicidio respetables. En nuestro país lo que abunda es la sorpresa, de aburrido no tiene nada. “Vive la vida y no dejes que la vida te viva”. Como diría nuestra filósofa peruana Susy Díaz.

Arquitecto Ecológico: Miguel Ángel Romero Maldonado.

 




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