El 11 de setiembre de Salvador Allende

  • Rafael Rodríguez Campos

“Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor. Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición”. 

Estas fueron las últimas palabras que el Presidente Salvador Allende (SA) pronunció antes de dejar este mundo, estas fueron las palabras con las que este hombre entró en las páginas de nuestra historia para ocupar un lugar privilegiado entre aquellos luchadores sociales que se atrevieron a soñar con un mundo mejor, dejándonos a todos los latinoamericanos una de las lecciones más importantes de valentía, honor y compromiso republicano en nuestra región.

El Bombardeo del Palacio de la Moneda

El 11 de setiembre de 1973, el Palacio de la Moneda era bombardeado por un grupo de militares golpistas que desconociendo el juramento constitucional que habían asumido ante su Presidente, y con el aval de los grupos de poder económico hiperideologizados de la derecha chilena y el auspicio del Gobierno de los Estados Unidos terminaron con la vida de su Jefe de Estado, para luego, asesinar a los militares que no se apartaron del camino de la legalidad democrática y acabar con una de las democracias más estables de nuestro continente.

El plan de Gobierno de Salvador Allende

Como se recuerda, eran cinco las grandes reformas que el Plan de Gobierno de la Unidad Popular (coalición de izquierda) le proponía a los chilenos en 1970, las mismas que hicieron que SA obtuviese la más alta votación en ese año: 1) Estatización de las áreas claves de la economía; 2) Nacionalización de la gran minería del Cobre; 3) Aceleración de la reforma agraria; 4) Congelamiento de los precios de las mercancías; y 5) Aumento de los salarios de todos los trabajadores.

La derecha chilena: golpista y reaccionaria

No resulta extraño entonces, que hayan sido los sectores más conservadores y excluyentes de la sociedad chilena los que desde el inicio del Gobierno de SA hayan tratado, por todos los medios (incluyendo el sabotaje) de obstaculizar la puesta en práctica de estas reformas. En otras palabras, lo ocurrido el 11 de setiembre de 1973 no fue sino la consumación de un golpismo cívico-militar que fue gestándose a lo largo de varios meses, el mismo, que no hubiera sido posible -a pesar del intervencionismo norteamericano- si un importante grupo de altos mandos militares chilenos no traicionaban los principios constitucionales que consolidaron la tradición republicana de ese país.

Militares y empresarios golpistas

Pero las responsabilidades de los golpistas deben ser individualizadas, y como bien lo anotara el director del excelente documental titulado “El diario de Agustín”, es necesario señalar que fue Agustín Edwards, propietario del Diario El Mercurio (brazo mediático de la oligarquía chilena) junto a otros sectores empresariales, los que crearon los condiciones para el golpe de Estado, y fueron también ellos los que pusieron a Augusto Pinochet a la cabeza de este grupo de militares que luego pondría a Chile en manos de los poderes fácticos más conservadores y reaccionarios de ese país, para beneplácito de los capitales extranjeros, especialmente norteamericanos, que desde las sombras siempre se opusieron y complotaron contra el Gobierno democráticamente elegido de la Unidad Popular.

La traición de Augusto Pinochet

Pero volvamos a la mañana infausta del 11 de setiembre, volvamos al levantamiento golpista en el que además de la Fuerza Aérea, también participaron los carabineros (la policía chilena), volvamos a esos momentos en los que un grueso contingente de soldados, armados hasta los dientes, rodeaban el Palacio de la Moneda para tomarlo por asalto y herir de muerte a la democracia chilena. Algunos testigos afirman que en medio de la confusión y el desasosiego, el Presidente SA alcanzó a pronunciar estas palabras: "Que será del pobre Augusto Pinochet", se preguntaba el Presidente, que para ese entonces no sabía que ese general era uno de los cuatro golpistas que más tarde conformarían la Junta Militar de Gobierno.

¿Era SA un tonto por confiar en Augusto Pinochet? Y cómo no hacerlo, si el propio Augusto Pinochet le había jurado lealtad el 23 de agosto, 19 días antes del golpe, al designarlo comandante en jefe del Ejército por recomendación de su antecesor, el renunciado general constitucionalista Carlos Prats, asesinado en Argentina un año después por agentes de la policía secreta de la dictadura chilena, tal y como nos lo recuerda la prensa de ese país.

“Pero qué se han creído ¡Traidores de mierda!”

Los ataques y el bombardeo aumentaron con el transcurrir de las horas, la caída de la democracia chilena era inminente, razón por la cual fueron los propios golpistas los que se comunicaron con SA para exigirle la renuncia, pero jamás imaginaron el carácter y la firmeza con la que SA respondería: "Pero qué se han creído ¡Traidores de mierda!", frase que refleja el carácter y el temperamento de SA. Pero su suerte estaba echada, y con ella, el futuro de los miles de chilenos que fueron víctimas de la barbarie de Augusto Pinochet y compañía.

La barbarie de la dictadura de Augusto Pinochet y la batalla contra la impunidad

En 1991, el Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación (Comisión Rettig) documentó 2,296 casos de personas que habían sido asesinadas, de los cuales casi un millar eran casos de desaparición forzada. En 2004 y 2005, el Informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura (Comisión Valech) halló que 28,459 personas habían sido detenidas por motivos políticos y que la mayoría de ellas habían sido torturadas.

Además unas 200,000 personas habrían sufrido el exilio y un número no determinado (cientos de miles) habría pasado por centros clandestinos e ilegales de detención. La Comisión se reabrió en 2010 para evaluar más casos de desaparición forzada, ejecuciones extrajudiciales, encarcelamiento por motivos políticos y tortura. En la actualidad, según cifras de los órganos de justicia chilenos, al menos 262 personas han sido condenadas por violaciones de derechos humanos, y hay abiertos más de 1,100 procesos judiciales.

Eso quiere decir que la batalla en Chile (como en nuestro país) debe continuar, con jueces y fiscales que luchan contra la corriente, desmontando estrategias legales que únicamente buscan la impunidad de los militares golpistas y violadores de derechos humanos.

Finalmente, cabría recordar lo que el autor del libro “Pinochet, el gran comisionista”, dijo sobre la fortuna del dictador: “la riqueza del dictador superó los 29 millones de dólares, pero hay voces que dicen que esta suma es muchísimo mayor”. ¿Fortuna propia que se gana en una carrera militar y de servicio a la patria? No, claro que no. Laspruebas encontradas demostraron el verdadero rostro corrupto y asesino del dictador chileno que acabó con la vida de uno de los líderes políticos y sociales más importantes de la historia latinoamericana y con la de miles de sus compatriotas. No lo olvidemos nunca. Que la historia no se repita.

¡Salvador Allende! ¡Presente!

 




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