Candidatura etiquetada

La primera vez que escuché el nombre de Julio Guzmán fue en una conversación amical hace ya varios meses. “Un tal Guzmán quiere ser Presidente y será el candidato de Gastón” me aseguró una amiga. De arranque, el nombre del ahora promocionado candidato presidencial nacía con un defecto: etiquetado como el hombre del empresario gastronómico Gastón Acurio.

La interpretación era obvia. Como Gastón ya había anunciado su desinterés en tener una participación política en los comicios del 2016, entonces no le quedaba otra que auspiciar el lanzamiento de una figura alternativa. Esa figura era aparentemente Julio Guzmán.

Con el tiempo, ambos fueron aclarando que en realidad se trataba de un respaldo personal pero no como parte de una plataforma promovida por el cocinero. 

Ahora Guzmán ha decidido lanzarse en todos los idiomas asegurando que lleva el discurso de la clase media peruana y que desea que los peruanos tengan una vida más fácil. Habla de una c crear una liga de los 500 funcionarios de alto nivel que necesita para llegar al poder y dice estar cansado de votar por el mal menor.

Guzmán reproduce un discurso empresarial y emprendedor. Busca lograr empatías con el disconforme. Y en épocas no electorales, es decir no cargadas del tinte político, puede funcionar. Lo que no ha calculado Guzmán hasta el momento es probar ese discurso en el bosque político peruano. Y meterse allí requiere más que un discurso bonito y meramente técnico.

La pregunta cae de madura. ¿Puede un técnico químicamente puro como Guzmán ser candidato presidencial sin adoptar las formas – a veces torcidas - del sistema político peruano? ¿Cederá Guzmán a las mañas y golpes bajos que rodean una campaña política en el Perú?

Parece que el candidato de “Perú para Todos” aún no ha calculado o no desea calcular lo que le espera. Guzmán debe saber que la arena política peruana es polarizada y si no entra a la confrontación difícilmente podrá sobrevivir. Simplemente no resultará negocio presentarse como el más limpio. Autoproclamarse como el outsider no debe ser su principal mensaje. Acaso se olvida Guzmán que el único outsider que triunfó fue Alberto Fujimori hace 25 años. Pero lo que debe tener más en cuenta es romper las etiquetas de las que se hizo acreedor  apenas se gestó su candidatura. De lo contrario, recordaremos a Guzmán como el candidato que auspició o promovió un cocinero exitoso.




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