Ese profe

“Saquen una hoja en blanco y pongan las 5 noticias más importantes del día”, dijo en tono enérgico y casi agresivo. Era la segunda clase de mi curso de Cultura Política de primer ciclo de la Universidad de Lima. Mi profesor estaba furioso. No le había gustado que uno de los alumnos no supiera decirle en clase las principales noticias de la mañana. “Es una obligación de ustedes como futuros profesionales de este país que tengan un conocimiento de la coyuntura nacional. ¿Qué futuro tienen así? Debería darle vergüenza” sentenció el profe mientras unas enormes gotas de sudor recorrían su frente.

El descuido de ese compañero lo pagamos todos. Con hoja en mano, tuvimos que mencionar las noticias más importantes. Yo siempre veía los noticieros de la mañana pero para mala suerte, ese día no alcancé a ver ninguno. Así que apliqué algo de intuición pero ni así funcionó. A la semana, el profe llegó con la terrible noticia de que todos habíamos jalado en esa prueba sorpresa. La nota máxima había sido 05. Una verdadera vergüenza. Acto seguido nos dijo en tono conciliador, “esto ha sido una prueba pero no la contaré en la nota final. Que les quede de lección. Infórmense siempre, eso les servirá en todo ámbito de la vida”. Jamás olvidamos ese mensaje.

Por lo demás, ese profesor marcó para muchos nuestra formación académica. En mi caso, marcó mi interés por el tema político. Sus exposiciones eran apasionantes. Llegaba muy puntual a la clase. 8 de la mañana ya estaba entrando. Impecable de pies a cabeza. Se dirigía al escritorio, se retiraba su saco y comenzaba a exponer. Era una máquina para lanzar ejemplos y vivencias personales. Había sido congresista de la República por un Frente Nacional que casi llega al poder.  Conocía el sistema político peruano al revés y al derecho. El tono de su exposiciones iba creciendo, hasta daba la impresión que gritaba. Su impecable camisa termina empapada. Sus gotas de sudor eran impresionantes. No era por el calor, había aire acondicionado en esa aula. Era por su apasionamiento.

Lo volví a ver en persona cuando ejercía el periodismo, muchos años después. Su apasionamiento y locuacidad son características que aún mantiene. A veces le mete bastante condimento, pero ya es parte de su estilo. Se ha ganado enemigos, pero a él no creo que le preocupe mucho.

Hoy ejerce un alto cargo público. Como uno de sus tantos alumnos me alegra su flamante puesto. Solo espero que esté a la altura. Y es que llamarse Pedro y apellidarse Cateriano debe ser ahora sinónimo de mucho estrés. Suerte profe.




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