Alan García Pérez ha sido elegido nuevamente candidato presidencial del partido aprista. Aspira a su tercer período en Palacio de Gobierno tras una elección interna en donde él fue el único candidato. 

Según el conteo oficial de las elecciones abiertas del partido aprista, García obtuvo más de 272 mil votos, de un total 273 mil 39 votantes. Sin duda, el sólo nombre de García Pérez ya se imponía de por sí ante cualquier candidatura interna. ¿Quién osaría hacerle sombra?

En los últimos días, algunos militantes apristas han hablado de las cualidades del liderazgo del ex Presidente. Para nadie es un secreto que sus dotes políticos lo han llevado a mantenerse vigente hasta el momento. Sin embargo es también ese liderazgo casi omnipotente lo que ha impedido que el Apra tenga vuelo propio con figuras capaces de hacer frente a una ausencia de su líder político.

Saquemos cuentas por ejemplo en su representación parlamentaria. En 1990 con Luis Alva Castro como aspirante presidencial se lograron 16 curules. En el 95 con Mercedes Cabanillas, 8. En el 2000 con Abel Salinas, 6 y en el 2011 sin candidato tras la renuncia de Mercedes Aráoz, alcanzaron apenas 4.

En cambio con Alan García como candidato en el 2001, el partido de la estrella logró 28 curules y en el 2006 con la obtención de la Presidencia de la República, 36 representantes en el Congreso.

Es evidente que la figura de Alan siempre arrastra una buena cantidad de votos al Congreso. Pero también se concluye que ningún otro personaje político aprista ha logrado generar tal arrastre.

Ahora en su tercera elección, García Pérez enfrenta un nuevo escenario político. Con denuncias que han afectado seriamente su imagen como los narcoindultos y el caso “Lavajato”, el partido de la estrella participará en una elección tal vez muy fragmentada y más hostil que de costumbre.

En ese escenario su arrastre de votos podría no ser el mismo de antes. Por ello la pregunta es si la proyección de este partido está planteada más allá de Alan García. Si no la han hecho, deberían hacerlo si no quieren ser un partido inconsistente en el tiempo como en su historia reciente.