PERIODISMO DE PERIODISTAS

 

Hoy en el Perú, parecen tiempos en los que muchos se presentan como los puros frente a los impuros,  los éticos frente a los antiéticos, los dignos versus los indignos, los transparentes frente a los mermeleros.

El periodismo como pocos oficios siempre se maneja en un complicado límite de lo que está bien y lo que está mal, de lo que es políticamente correcto y no lo es. Y es que en este oficio en donde la subjetividad es la que manda (si, amigo…la objetividad existe solo en los libros) o donde el “buen criterio” o el “ sentido común “ es lo que muchas veces prima, lo que hacemos puede ser objeto de una crítica despiadada, hasta estigmatizarte; o de un halago que parece meloso y hasta sospechoso.

Así, muchos parecen usar su tribuna en redes sociales o en sus espacios periodísticos, para hacer leña al otro colega. Hay un deporte nacional en el Perú muy popular llamado “periodismo de periodistas”. Y claro, tenemos todo el derecho exigir a ciertas instituciones como el IPYS (Instituto Prensa y Sociedad) en mostrar todas sus cuentas a raíz de su convenio con Odebrecht (2014 – 2015); pero también debemos saber que el periodismo que tú y yo practicamos no se hace a costa de otro colega, ni se hace presentándote como el más puro, o como el más señorito. No amigo, el periodismo se práctica simplemente con lo que has aprendido y sigues aprendiendo. Aplicando tu buen criterio, tu sentido común, conservando tus fuentes, investigando, observando, viendo en donde los otros no ven, preocupándote de tu trabajo.

Y si optas válidamente por cambiar de giro (el periodismo en el Perú no es lo mejor pagado que digamos), no te convierte en otro. El periodista sigue siendo periodista donde sea. Es algo que sencillamente lo siente en el alma. Es nuestro ADN. Si ahora eres de la “prensa institucional” pues eso no te dará derecho tampoco a presentarte como la reserva moral del periodismo.

Hace varios años, uno de los “poderosos periodistas” que hoy vinculan al caso Odebrecht me dijo fríamente: “en las consultorías está el negocio, lo demás es un sencillo”. Y claro, a veces un periodista por la necesidad hace un trabajo extra. El problema es cuando ese trabajo extra se convierte además en una fuente de poder que termina por cegar al periodista frente a un evidente conflicto de interés. Allí se pierde ese buen criterio y sentido común que finalmente la opinión pública evaluará y sancionará. 

Renzo Mazzei

 




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