Por una vida que valga

Hace unos días estuve por la ciudad de Juliaca. Al llegar, nos vimos sorprendidos con un paro de diversos barrios de la ciudad en contra del Alcalde. La protesta de 48 horas incluía bloqueo de vías como por ejemplo la salida del aeropuerto. Esta medida afectaba a los cientos de turistas que llegan hasta aquí para desplazarse a la ciudad Puno. Había dos alternativas para pasar. Una, pagar un “peaje” a los manifestantes de 10 o 20 soles. La segunda, buscar una ruta alterna que implicaba meterse en medio de trochas y caminos pedregosos.

Lo más sorprendente es que muchas de estas trochas o vías alternas estaban también bloqueadas por piedras y vidrios. Lo peor  fue ver a niños de entre 7 y 4 años con botellas listas para romperlas ante la presencia de algún vehículo. Niños con botellas ante la vista y aprobación de sus padres.

La imagen fue tal vez un resumen de lo que vale a veces la vida en el Perú. Hoy, estamos acostumbrados a ver como un menor de edad le dispara a una persona en plena vía pública. Hoy, vemos cada cierto tiempo, como un joven descuartiza a su prima porque supuestamente estaba siendo obligado a tener una relación. Hoy, vemos a menudo como un conductor irresponsable traslada en un volquete a un grupo de escolares, ocasionando un lamentable accidente.

La vida en el Perú parece no valer mucho. Que los mismos padres azucen a sus hijos, muy pequeños, a amenazar con botellas de vidrio a quien se atreva pasar por sus dominios, es simplemente el colofón de una larga historia que  como país no hemos logrado solucionar.

Esos niños con botellas de vidrio tal vez se conviertan en algunos años en dirigentes sociales intransigentes que tengan como única manera de protesta la violencia.

Así por ejemplo, ese menor de edad que disparó contra un inocente transeúnte será en pocos años el feroz líder de una mafia de extorsionadores. Ese joven que descuartizó a su prima verá como su vida queda destruida en prisión para salir libre después de muchos años para dedicarse a la delincuencia. Ese conductor irresponsable que trasladó a escolares en un volquete pasará algún tiempo en prisión pero luego seguirá haciendo lo mismo ante la necesidad de  conseguir recursos.

Pareciera que estamos condenados como país. Sin embargo, todo esto sería diferente con una mayor atención a las poblaciones más desprotegidas. Esto no es de ahora ni hace un par de años. Es una deuda del Estado peruano desde hace décadas. No nos quedemos a mirar cómo pasa de esta manera la vida el Perú. Actuemos si queremos que la vida valga algo.




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