La corrupción como estilo de vida

Cuando un modelo económico se arraiga en una sociedad entonces se convierte en prototipo mental, es así como se consolida por muchos siglos “un estilo de vida” y para modificarlos se hace necesario un proceso de reaprendizaje, toda vez que líderes y seguidores comparten la misma escala de valores. En el caso de América Latina se considera que la corrupción es el modelo de vida para muchos de estos y que si se modifica se puede poner en riesgo “sus beneficios”.

Durante este siglo muchos gobernantes se han manifestado sobre “el nuevo modelo económico”, pero si analizamos al detalle nos damos cuenta que el Perú solo ha existido un modelo económico y ese es el impuesto por Francisco Pizarro, el cual consiste en extraer todos la materia prima posible y venderla al exterior; por otro lado entregar prebendas para  mantener la explotación en alto índice de rentabilidad.

En este siglo, al modelo se han incluido los extranjeros y los nativos, de tal manera que el rosto de “los indianos”–esclavistas de indios- ya no es solamente ibérico, sino africano, europeo e indio; porque no es un tema racial, es simplemente uno de modelo de vida. Es así como la democracia no significa igualdad ante la ley, sino la autorización para esclavizar a los demás.

Es por ello que cuando una mujer pobre que consigue un empleo en la ciudad como personal doméstico, y que posiblemente resida en un poblado aislado, esta será reconocida porque la familia que la acoge “se ha traído una empleada doméstica”. Al respecto, más del 90% de empleadas domésticas en Perú trabajan en condiciones de esclavitud.

La corrupción no hace daño al sistema; porque la corrupción es el sistema. Cuando un elector dice: “Por qué tanto protestan contra el chino, si hay otros han robado más”. En las últimas elecciones municipales la opción fue clara OBRAS Y CORRUPCION.  Cuando es el sistema de vida entonces las personas sufren de algo que se denomina disonancia cognitiva, es decir las personas expresan claras  ideas de bienestar común y diferencia lo negativo de lo positivo en términos académicos, pero a la hora de actuar lo hacen basados en los principios de corrupción.

Quienes actúan con honestidad entonces se convierten en antisistema, y las personas pueden escuchar sus razonamientos, pero la mayoría no los sigue y menos aún votarían por ellos, porque más vale un corrupto conocido, que un honesto por conocer. Las personas honestas cambian las actividades y proponen modificaciones considerables al estilo de vida dominante. Por eso no se les permite algún triunfo ya que sus postulados van reñidos con “el beneficio a bajo costo” que impera en la mentalidad de muchos; es decir, recibir sueldos y otras “bonificaciones”, por no hacer nada. 

La población puede mencionar que desea un gobierno honesto. Pero aun cuando saben quiénes son corruptos, finalmente votan por ellos, porque la honestidad genera incertidumbre, es un espacio de inseguridad para toda la cadena, al respecto pongamos un ejemplo:

Saben cuántas veces se ha reparado la vía expresa, posiblemente nunca; porque sus pistas están hechas con fierros  y concreto. Hoy todo se hace con pavimento asfáltico de mala calidad, entonces se necesita parchar todo el tiempo, lo cual es rentable para las autoridades políticas, para las empresas amigas e incluso así se los hacen creer a los trabajadores y los vecinos, quienes comentan “este gobierno trabaja”, “está parchando pistas”. Un gobierno honesto no tendría que parchar pistas cada docena de mes, porque haría obras previsoras para muchos años.

Pero arreglar a medias es parte del “estilo de vida”. Lo hacen el Estado, los gobiernos locales, el gasfitero, el abogado, ¡hasta las universidades!, con tal de sentirse “realizados”.

Porque -sólo por dar un último ejemplo- ahora un profesional no es realmente competitivo hasta lograr el doctorado. Ahora, cuando en todo el mundo este grado no es para cualquiera, es solo para los investigadores.