Voy A Hablar De La Esperanza…

Hoy como en los últimos quince años, a los peruanos no sólo nos preocupa, desespera, indigna y atormenta sino además nos duele los mismos tres problemas: la inseguridad, la corrupción y la pobreza que sigue existiendo en todo el territorio nacional.

De estos tres, el problema más grave porque nos afecta a todos, nos hace vivir en tensión, desconfiados y vigilantes es la inseguridad de nuestras ciudades. Este mal nos agrede encapuchado y sin avisar, en la puerta de nuestras casas, mientras estacionamos el auto o subimos a la combi o comemos en un restaurante o compramos en una farmacia o caminamos por la vía pública.  Nos puede dejar sin padres, sin hermanos o sin hijos porque no tiene escrúpulos a la hora de tomar una vida.

La inseguridad ya no viene vestida de carterista ni ladronzuelo ni pandillero ni pirañita viene disfrazada de sicario barato, en moto o 4 x4, con balas de largo alcance y, a veces tristemente, viene disfrazada hasta de policía. Hace tiempo que la delincuencia común se convirtió en crimen organizado. Esta terrible situación, que se nos ha vuelto cotidiana, evidencia que el problema se nos escapó de las manos.

Cuando se escucha al Presidente y a cada uno de los Ministros del Interior proponiendo lo mismo: El incremento del personal policial; la compra de armamento, uniformes, autos, camionetas, motos y helicópteros; la implementación de una red de video vigilancia y radiocomunicación; el incremento de penas; el aumentar el número de operativos;  mejorar la infraestructura de las cárceles, entre otras cosas; uno se pregunta ¿por qué esto no es suficiente?. Humala lleva cuatro años y muchos  ministros prometiendo lo mismo y percibimos que la situación empeora en lugar de mejorar.

Mejorar y fortalecer la capacidad de represión del Estado es una de las estrategias pero no es la única y ésta no ataca la raíz del problema. Debemos  tener presente que los delincuentes de hoy han sido niños o adolescentes que han crecido rodeados de violencia, de pobreza, sin expectativas, creyendo erróneamente que delinquir es su única posibilidad de sobrevivir. Esta es la realidad que debemos cambiar. 

En mayo del 2014 se publicó un estudio denominado “Criminalidad y Violencia Juvenil en Trujillo”, en base a casos de jóvenes en conflicto con la ley en el distrito El Porvenir, uno de los distritos más peligrosos de esa ciudad. La investigación fue realizada con el patrocinio de la Secretaría Nacional de la Juventud, la Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito y el Ministerio de Educación. La principal recomendación de esta investigación señala que es necesario  impulsar la prevención antes que incrementar las penas al delito. Para ello es necesario destinar recursos financieros y humanos suficientes para llevar a la práctica acciones preventivas de manera sostenible, que promuevan una cultura de paz y relegue su necesidad de buscar protección en pandillas o delincuentes mayores.

Rescatar a los niños, adolescentes y jóvenes de la delincuencia es una tarea que significa ampliar sus posibilidades de desarrollo integral en un proceso pedagógico que los transforme de manera individual, haciéndoles creer que pese a sus condiciones son protagonistas importantes de cambio y de progreso,  propiciando también una mejor convivencia en su familia y en su comunidad.

Este es el camino a seguir y en el que podemos sumar recursos y esfuerzos del Estado, del sector privado y de la sociedad civil; pero debemos hacer este SHOCK de prevención de manera articulada y focalizada y no de manera aislada como hasta ahora se ha hecho.

México, país al que cada vez nos asemejamos más por el grado de violencia, aprobó en abril del 2014 el Programa Nacional para la Prevención Social de la Violencia  y la Delincuencia, cuyo enfoque no es represivo sino que busca fortalecer los factores de protección para la prevención social de la violencia y la delincuencia e incidir en las causas y los factores que la generan interviniendo justamente en su población joven, buscando propiciar la cohesión comunitaria y el fortalecimiento del tejido social, en coordinación con los tres órdenes de gobierno, los poderes de la unión, la sociedad civil organizada, las instancias nacionales e internacionales y la ciudadanía.

Esta tarea, en otros países latinoamericanos es canalizada a través de programas sociales específicos llevados a cabo por los entes estatales que dirigen el Sistema Nacional de Juventud. En nuestro país el Ministerio de Trabajo tiene el programa “Jóvenes a la Obra” que busca facilitar el acceso al mercado laboral de los jóvenes y desarrollar sus capacidades de negocio y el Ministerio de Educación a través del programa Beca 18, brinda nuevas oportunidades de educación y progreso a jóvenes en pobreza y extrema pobreza; sin embargo estos esfuerzos no inciden necesariamente en esta población en riesgo de ser captada por la delincuencia.

Considero que urge que todos los niveles de gobierno den prioridad a las acciones de prevención de la delincuencia focalizadas en la población en riesgo infante, adolescente y joven. Apostemos por    los niños, adolescentes y jóvenes que son la esperanza de un futuro de paz y progreso. 




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