Los Mosqueteros, perdón, los mermeleros de Nadine

Me es repulsivo observar a algunos personajes que se atreven a dar clases de moral, de ética, y de autoproclamarse defensores de las libertades públicas y de expresión, cuando en el pasado fueron asalariados de un gobierno que sin asco hoy llaman dictatorial y corrupto, que rentaban sus nombres y plumas a guiones provenientes del SIN de Montesinos, y que tienen el descaro de viajar al extranjero con plata de nuestros impuestos, acallando los verdaderos escándalos en los que está incurso Nadine y su esposo, el presidente Ollanta Humala.

¿Ya no se acuerdan los peruanos de un video registrado en la salita del SIN, donde Vladimiro Montesinos le entrega fajos de dinero provenientes del erario público a Hurtado Miller para su campaña edil de 1998?. Se acuerdan que en esa campaña trabajaban Augusto Bresani, el publicista Daniel Borobio y nada menos que la “demócrata e independiente”, Rosa María Palacios.

Acaso ignoraba la señora Palacios que por esos años se develó el “Plan Bermuda” cuyo objetivo era asesinar al periodista César Hildebrandt, ignoraba que en esos tiempos se denostaban de periodistas como Cecilia Valenzuela, Fernando Rospigliosi y Ricardo Uceda, ignoraba también que desde los diarios chicha se destruía la imagen de Alberto Andrade para beneficiar a su candidato y por el cual recibió más de 6 mil dólares.

En el proceso hubo muchos que purgaron condenas, sin embargo, nuestra distinguida abogada y periodista y que encima da “cátedra” de  Deontología de las Comunicaciones y Proyecto de Periodismo en la PUCP, no ha sido condenada y menos obligada a devolver el dinero que recibió de las arcas públicas del Estado. ¿Por qué, ah?.

Otro de los defensores de la libertad de expresión y franelero del gobierno de turno es el trotskista Nicolás Lucar, aquel personaje que hasta el último momento sirvió a Montesinos. En un infame reportaje para el olvido, trató de sumir al país en una crisis al acusar a Valentin Paniagua de haber recibido 30 mil dólares del ex testaferro de Montesinos, Alberto Venero, para elegirse congresista. Dicho episodio no pasó inadvertido y tuvo que abandonar el país por el repudio generalizado de la población.

Ahora pretende hacer lo mismo al involucrar al ex presidente, Alán García, de circular una supuesta relación sentimental entre Nadine Heredia y el empresario Rodrigo Arosemena tratando de desviar los serios cuestionamientos que se le imputan a Nadine en el caso Belaunde Lossio, así como el levantamiento de su secreto bancario.  Y por último, si de infidelidades se trata, Lúcar no sería la persona indicada si no que lo diga el gerente del Hotel los Delfines.

Y el otro mosquetero, perdón, mermelero de Nadine es Gustavo Faverón. Este gobierno no pudo abrir un pabellón en la Expo Milán, sin embargo, gastó más de 3 millones de dólares en la FIL de Bogotá. O sea el Estado peruano le pagó a Faverón el viaje de ida y vuelta en primera clase, y la estadía por dos semanas en el exclusivo Hotel Tequendama. Ya se entiende pues porque tanta ternura a Nadine.

Para que sepan cómo se expresa este individuo de moral endeble recojo un fragmento de unos correos electrónicos de la Bowdoin College que César Hildebrandt publicó en su artículo: “Capaz de escribirle a un adversario intelectual el siguiente correo electrónico fechado en Febrero de 2006: ¿Por qué tienes esa peculiar fijación con mi vida sexual, payasito?, ¿Todavía te queda el trauma de tu tirada callejera con un flete de la televisión?, ¿Es ese rochecito el que te ha vuelto loco?”.

Puedo escribir más, pero el personaje antes mencionado no merece la pena, como tampoco los anteriores. Ellos son los mercenarios que con su doble moral e hipocresía destruyen un país.  




Viernes 10 de Julio de 2015

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