Punto de Encuentro

¿Oposición? ¿Qué oposición?

La oposición política en Perú se encuentra vacante. Con Keiko Fujimori presa preventivamente por treinta y seis meses y con Alan García cautivo extraterritorialmente en la casa del embajador uruguayo en Lima, ejercer labor de disentimiento político es una actividad que, aparentemente, yace bloqueada en nuestra patria.

Al comparar los casos de ambos personajes, el de García lleva una dudosa delantera con respecto al de Keiko, otrora indiscutible lideresa máxima de la oposición contra los gobiernos de PPK y de Martín Vizcarra. En todo caso el encierro en residencia diplomática posee una ventaja, sino jurídica, por lo menos circunstancial para efectos de  crisis y encrucijada para el gobierno actual.

Pero, hagamos el intento de sincerar el escenario. ¿De qué oposición estamos hablando? Para ser considerado líder de oposición nacional se debe reconocer como propio, por lo menos, dos activos:

  1. Tener un partido político fuerte (militante) o encarnar un alto porcentaje de la aspiración popular (independiente).
  2. Gozar de coyuntura preferente o enfrentada con el poder central.

¿Cuenta Alan García con alguno de los factores mencionados?

Comparemos pasado y presente, 1992 y 2018.

El Partido Aprista Peruano (PAP), luego de un desbarrancado primer gobierno (1985 – 1990) permaneció como una fuerza orgánica en sí misma y con proyección electoral. El apoyo popular oscilaba entre el 25% y el 28% de intención de voto, transcurridos los dos primeros años de gobierno de Alberto Fujimori.

A su vez, el enfrentamiento a escala progresiva entre Ejecutivo y Legislativo, durante 1990 – 1992 produjo que la figura del senador Alan García Pérez se vea constantemente actualizada. Sabido es que aquella gresca entre nuestras autoridades agilizó y conllevó al autogolpe cívico – militar del 05 de abril; atentado contra la democracia que concretó toda teoría favorable para el ex mandatario aprista.

¿En las actuales circunstancias se puede reconocer al líder aprista también como líder de oposición?

Ciertamente, el pedido de asilo a la República Oriental del Uruguay, García vuelve centrar la noticia en García y este acto podría (asilo aceptado de por medio) asestar duro golpe (¡ironía!) al gobierno de Martín Vizcarra en contextos internos y externos en materia de derecho. Sin embargo, no todo está a favor del ex presidente.

Los cinco representantes del PAP en el Congreso no llegan a tener la solidez del quinquenio anterior (2011 – 2016) en que, siendo solo cuatro, se enfrentaron directamente contra la ex pareja presidencial Humala – Heredia. El fujimorismo le ha significado al aprismo una sombra de la que no ha resultado pertinente el distanciamiento, según criterio de sus actores. Ha correspondido a Fuerza Popular la tarea de ser el adversario mayor (por lo menos hasta ahora).

Además, el aprismo en su conjunto, hace varios años que no logra engarzar con las demandas de amplios sectores sociales que, sin hacer distingo entre los sucesivos gobiernos, mantiene pliegos de reclamos en busca de mayores derechos y mejor sustento diario. El APRA carece hoy de proyección electoral y social.

Así también, y por propia voluntad, el destino próximo de García Pérez no es más una coyuntura en la que su voz, por ahora, pueda decidir el movimiento de fichas en el tablero.

La suerte del ex gobernante ha dejado de depender del sistema jurídico peruano, de los deseos del Gobierno de Vizcarra o de los de él mismo, sino que por ahora depende de la conclusión a la que arribe Uruguay con respecto a su petición de asilo.

De esta manera, cualquier coyuntura, propicia o adversa para él, se mantiene suspendida como moneda al aire. ¿Se puede ejercer la oposición desde estas circunstancias?