Punto de Encuentro

“Punto de Encuentro” cumple con la entrega de la 3ra parte final de la Conferencia Magistral del Dr. Hugo García Salvatecci, brindada en la Biblioteca Nacional en la conmemoración del centenario del fallecimiento del Maestro del pensamiento social en el Perú: Manuel Gonzales Prada.

“Punto de Encuentro” cumple con la entrega de la 3ra parte final de la Conferencia Magistral del  Dr. Hugo García Salvatecci, brindada en la Biblioteca Nacional en la conmemoración del centenario del fallecimiento del Maestro del pensamiento social en el Perú: Manuel Gonzales Prada.

Ahora que la moralidad pública en el Perú vive horas aciagas, anunciamos que el Dr. García Salvatecci nos brindará una cuarta entrega ampliatoria donde comentará y cotejará el Pensamiento de Gonzales Prada con la realidad social y política actual.

HUGO GARCÍA SALVATTECCI

El espíritu del primer González Prada está admirablemente expresado en “Paisajes Peruanos”, “El carácter de la Literatura del Perú independiente”, “Elogio al Inca Garcilaso de la Vega” de José de la Riva-Agüero. “La Realidad Nacional” y “Meditaciones Peruanas” de Víctor Andrés Belaúnde, “El Perú Contemporáneo” de Francisco García Calderón. Además, bajo la inspiración de González Prada, la generación del Novecientos realizó la gran reforma académica de la Universidad, permitiendo que se estudien los temas nacionales y dándole un gran nivel académico. Lo que hizo el idealismo alemán en la Universidad europea que había caído en la más grande de las modorras en el siglo XVII, es lo que hizo la generación del Novecientos en la Universidad peruana.

Resultó providencial, en mi formación académica, que mis investigaciones sobre González Prada se hayan iniciado contando con el generoso asesoramiento de uno de los principales exponentes de la generación del Novecientos: Víctor Andrés Belaúnde, y que hayan culminado con la presencia permanente de grandes representantes de la generación del Centenario: Haya de la Torre, Luis Alberto Sánchez y Jorge Basadre. Creo que ello explica lo que, para muchos ha resultado inexplicable, mi permanente admiración frente a estas dos generaciones que terminaron siendo antagónicas.

Don Manuel González Prada se dedicó a estudiar en Europa las nuevas corrientes político-sociales. De modo especial, estudio a los grandes teóricos del Anarcosindicalismo, retornando al Perú con una nueva mentalidad política. Paulatinamente le fueron saliendo al encuentro una nueva juventud y una nueva clase de trabajadores. Esta nueva juventud ya pertenecía a otra generación, la de la llamada generación del Centenario.

Al bajar del barco, su primer grito fue: “Fuera política, que vengan reformas sociales”.

Durante poco más de dos décadas, González Prada se dedicó exclusivamente a la docencia política. Siguiendo a Proudhon, trató de crear una auténtica capacidad política en la clase trabajadora. Con la ayuda de los inmigrantes anarquistas italianos organizó los grandes gremios laborales, todavía no existían los sindicatos. Con este fin, organizó de hecho las Universidades Populares, instituciones anarcosindicalistas que ya existían con este nombre en otros países, aunque en el Perú se fundaron formalmente después de su muerte.

Incluso propició que los trabajadores, por primera vez en el Perú, tuviesen sus propias tribunas periodísticas. Entre ellos destacan, sin ser los únicos, “Los Parias” y “La Protesta”, que expresan la evolución de los dos principales momentos del pensamiento libertario en el Perú. Se trataba de periódicos organizados y escritos por los propios trabajadores. Después de más de cien años se puede constatar que jamás, en nuestra historia posterior, los trabajadores han tenido voceros periodísticos de ese nivel, con el añadido que fueron plenamente dirigidos y diseñados por los propios trabajadores.

Del mismo modo, siguiendo las líneas maestras de su discurso sobre “El intelectual y el obrero”, y dejando a un lado sus acérrimas críticas a la Universidad, Don Manuel se dedicó a formar, fuera de los claustros académicos, a la nueva juventud tanto universitaria como trabajadora. Fue él quien organizó el primer frente de trabajadores manuales e intelectuales en el Perú. Entre los últimos jóvenes que gozaron de su docencia política estuvieron Víctor Raúl Haya de la Torre y José Carlos Mariátegui.

Fue la juventud “gonzález pradina”, dentro de los moldes anarcosindicalistas, al igual que lo que sucedió en toda la América Latina, los gestores de la gran Reforma Universitaria, auténtico movimiento indoamericano, que cambio toda la historia política en nuestro Continente. Ya no se trataba sólo de una reforma académica, la que fue producto de la generación del Novecientos, sino de poner a la Universidad al servicio de los grandes cambios de nuestra realidad económica, social y política. Es sintomático que este año celebremos tanto el centenario de la muerte de González Prada como el centenario de la Reforma Universitaria.

Habría que señalar, de una vez para siempre, que la gran reforma universitaria es uno de los grandes méritos históricos del movimiento anarcosindicalista latinoamericano. A lo que habría que añadir que, acá en el Perú, tanto la gran reforma académica como la de la nueva orientación que debía tener la Universidad, fueron obra de las dos grandes generaciones con las que surge el Perú contemporáneo y que estuvieron bajo la permanente docencia de González Prada: la generación del Novecientos y la generación del Centenario.

La literatura oficial siempre se ha agotado en mostrar la tarea negativa que se propuso el movimiento libertario. Se trata, según dicha literatura, de una utopía que efectivamente se propone generar la “anarquía”, esto es, el caos. A ello, risueñamente contestó Don Manuel, que efectivamente la “anarquía” es un sueño, pero añadiendo que, por hermoso, vale la pena ser soñado.

Desde hace cerca de tres siglos, las mentes más lúcidas vienen insistiendo, en que la humanidad se va acercando, cada vez más, a la implantación de un gobierno universal, y simultáneamente que la actual organización política de los Estados se estaba haciendo crecientemente anacrónica. El estado centralista y autoritario, que utiliza sólo como fachada la denominada democracia, ya no da ni para atrás ni para adelante. En este punto insistieron fundamentalmente los libertarios del siglo XIX. Hoy día las cosas han cambiado sustancialmente. Para convencerse del anacronismo del actual sistema democrático, ya no hace falta leer la denominada literatura nihilista del siglo XIX. Esta idea está mejor desarrollada y expuesta en las últimas encíclicas sociales de la Iglesia: la encíclica “Centesimus Annus” de Juan Pablo II, la dedicada a la caridad de Benedicto XVI y “Laudato si” del Papa Francisco.

A partir del gran filósofo Kant, la nueva orientación política quedo claramente definida, en las siguientes conclusiones:

  1. Todo Estado centralista grande es y será siempre, por su misma naturaleza, autoritario, donde el papel del individuo sólo se agota en emitir su voto. Hablar de Estado centralista y de una “democracia de participación plena” sólo expresa una fragante contradicción.
  2. El individuo sólo puede participar activamente en su polis, esto es en su comuna o municipio.
  3. A partir de la comuna o municipio, mediante confederaciones, se deben construir los gobiernos regionales, nacionales, e internacionales.
  4. El gobierno universal debe ser considerado como un postulado histórico al que inexorablemente se está acercando la humanidad.
  5. La reforma integral del Estado y los proyectos integracionistas continentales, con el fin de llegar a cuatro o cinco grandes confederaciones mundiales para lograr finalmente la confederación universal, conforman un mismo proyecto de reforma política.

El pensamiento de Kant tuvo una influencia decisiva en el proyecto político de Proudhon, Bakunin. Kropotkin. En fin, en los grandes anarquistas. Hubo un país europeo que se organizó de acuerdo al modelo confederativo, por lo que siempre ha sido el punto de referencia de todos los libertarios: Suiza. El pensamiento kantiano va a conformar toda una nueva escuela política, que fue la que tuvo más vigencia en el siglo XIX.

Lamentablemente, frente al proyecto kantiano surgió otro proyecto sumamente centralista, que terminó imponiéndose durante un siglo: el proyecto político hegeliano. Los hegelianos tanto de derecha, como sería el caso de Hitler y de Mussolini, como los de izquierda como sería el caso de Lenin y Stalin, fueron radicalmente centralistas. El caso de Mao Tse Tung es especial, puesto que tuvo una profunda formación anarcosindicalista, de la que nunca renegó.

Una de las grandes diferencias entre Proudhon y Marx, como lo señalé en una de mis obras, es que uno es kantiano y el otro hegeliano. Estoy convencido que cuando se haga un balance objetivo sobre el marxismo-leninismo se tendrán que señalar, sin duda, muchos aspectos positivos, pero dentro de lo negativo está el haber retrasado el proceso histórico que lleva a la descentralización mediante el proceso confederativo.

Todo ello lo aprendió, de modo claro y distinto, González Prada en su estadía en Europa, y fueron los principios de su infatigable docencia política, lo que hace que el título que más lo define sea el de Maestro.

El gran proyecto político de la madurez intelectual de González Prada gira alrededor de tres puntos fundamentales: la reforma confederativa del Estado, la permanente presencia de la sociedad en el gobierno y la integración de América Latina en función del gobierno universal.

Para Don Manuel, el individuo es el punto de partida del primer pacto social por el que se manifiesta la decisión de diversos seres humanos de vivir en una comunidad organizada, teniendo con ello el nacimiento de la polis, comuna o municipio. El segundo pacto social, en cambio, es la decisión de asociarse de diversas comunidades en vista del bien común, dando origen al Estado dentro de un sistema confederativo.

Traduciendo lo dicho a la actual situación política del Perú, lo que nos dice el planteamiento de González Prada, es que el punto de partida de nuestra organización política debería ser el municipio distrital, elegido por los vecinos, que a través de sus unidades vecinales podrían ejercer un permanente control sobre su gestión. El municipio provincial sería la confederación de los municipios distritales, por lo que su dirección estaría en manos de los alcaldes distritales. La región, a su vez, sería la confederación de los municipios provinciales, por lo que su dirección estaría en manos de los alcaldes provinciales. De este modo se irían construyendo los Estados, los gobiernos internacionales subregionales, y finalmente los cuatro o cinco gobiernos regionales mundiales, que al confederarse formarían el gobierno universal.

Esta organización si bien es aparentemente simple, no lo sería en el momento de su ejecución, puesto que jamás nos encontraríamos con dos comunas que tengan el mismo peso cualitativo y cuantitativo lo que obliga, por el principio de equidad, que los votos de los diversos confederados no tengan el mismo valor, por lo que se requiere criterios objetivos para determinar el peso decisorio que debe tener cada uno de los confederados.

En segundo lugar, se trata de encontrar el camino más viable para que efectivamente la sociedad controle el quehacer del Estado. En ese contexto, Proudhon ideó lo que después se llamaría el Congreso Económico, por oposición al Congreso político. Debemos precisar, sin embargo, que dicho Congreso todavía no ha sido plenamente diseñado ni internacional ni nacionalmente. Hoy día se piensa que debería tener dos objetivos fundamentales: aprobar los grandes objetivos nacionales a mediano y largo plazo y tener bajo su jurisdicción a los órganos de control.

El tema de la integración americana se encuentra en los mismos umbrales de nuestra gesta emancipadora. Uno de sus principales hitos se muestra en el peruano Juan Pablo Vizcardo y Guzmán. Indudablemente la integración americana jugó un papel protagónico en el pensamiento de Bolívar, para luego ser perfeccionado por nuestro Vigil.

González Prada le dio una nueva dimensión al tema de la integración americana, puesto que la puso en función de la integración mundial que debe crear el estado universal. Como expresamente señala el Maestro Prada, frente al Monroísmo del Norte del Continente, nosotros proclamamos: “América para el mundo”. Incluso bajo la clara influencia de Schopenhauer, habla de la solidaridad cósmica, por lo que con todo derecho se le podría considerar a González Prada como uno de los precursores de la nueva conciencia ecológica que está surgiendo en el mundo.

El tema de la integración americana adquiere una nueva dimensión dentro de la actual situación del mundo signada por la globalización. Frente al hecho, que las clases desplazadas por la globalización en los países ricos han creado como su antítesis dialéctica el movimiento de la anti-globalización, reiteradamente me he preguntado sobre cuál debería ser nuestra respuesta frente a este hecho trascendente que está cambiando la historia universal. Terminé preguntándoselo al espíritu que animó las obras de Vigil, de González Prada y de Haya de la Torre, con la convicción que este “espíritu” sólo se muestra objetivamente en la lógica interna de sus pensamientos. Estoy convencido que de vivir González Prada señalaría, del modo rotundo que siempre tuvieron sus afirmaciones, que nuestra respuesta dialéctica está en la integración indoamericana.

Debemos constatar que la actual situación que atravesamos es cualitativa y cuantitativamente mucho más grave que la que le tocó vivir a González Prada. Nuestro país está infinitamente más deteriorado. Ya no se puede decir, como en tiempos de González Prada, que el Perú es un organismo enfermo que donde se aplica el dedo brota la pus, puesto que sin necesidad de aplicar el dedo ella brota a borbotones. Además, las dos grandes reservas morales de su tiempo están seriamente deterioradas: el carácter moral de las provincias y los grandes ideales de cambio de su juventud, puesto que, utilizando una frase de Don Manuel, cada vez estamos más rodeados de “jóvenes-viejos”.

Esta situación se agrava frente a un hecho que históricamente se puede constatar. Los grandes cambios climáticos que se dan en el mundo aproximadamente cada dos mil años, están estrechamente vinculados al término de una época histórica e inicio de otra. Ya está herida de muerte nuestra actual cultura occidental, puesto que ya ha desaparecido la escala de valores en la que se sustentaba. Cuando ello sucede, como lo recalcaron Spengler y Toynbee, se tiene la invasión de los bárbaros. Si hay un país en el que se puede decir que los bárbaros están en camino de apoderarse de todas las instituciones públicas y privadas es precisamente el Perú actual.

En estos momentos, sin duda los más difíciles de toda nuestra historia republicana, y cuando estamos frente al inicio del segundo siglo de nuestra vida republicana, el pensamiento político maduro de González Prada nos regala importantes elementos de reflexión. Creo que se amerita que a lo largo y ancho del país se medite sobre la propuesta de González Prada, no para tomarla necesariamente al pie de la letra, pero si para tenerla debidamente en cuenta en la construcción de nuestra nacionalidad, para hacer de ello no sólo sea una promesa sino una auténtica realidad.

Creo que el espíritu de González Prada, el que sólo se manifiesta, reitero, por la lógica interna de su pensamiento, estaría de acuerdo en afirmar que la actual crisis que atraviesa el Perú definitivamente no tiene salida dentro de nuestro actual marco constitucional. El terminar definitivamente con la mal llamada regionalización, que le ha hecho tanto daño al Perú, entre otras cosas, por haber convertido la reserva moral del Perú, de la que hablara González Prada, en una de las mayores expresiones de nuestra inmoralidad actual. El Perú requiere de una auténtica regionalización, y lo que hoy existe es la misma expresión de la anti-regionalización. El encontrar el camino para que los órganos de control dejen de pertenecer a cualquier poder público, para dárselo a la sociedad. El tratar de redefinir el campo de acción de los Poderes del Estado. La lucha efectiva contra la inseguridad pública que pone en peligro que se rompan todos los pactos sociales en el Perú. Son sólo ejemplos de que no hay salida para el Perú dentro del actual marco constitucional.

Por otro lado, no existe ningún tipo de garantías de éxito para convocar, en estas circunstancias, una Asamblea Constituyente. Decididamente, lo más probable es que el remedio resultase peor que la enfermedad. En ese contexto, la alternativa está en el Referendum. Está bien el que se esté convocado un Referendum para tratar de solucionar algunos problemas, pero que un árbol no nos oculte la visión del bosque. Se requiere una reforma constitucional integral, plena y coherente. El país, consciente de la magnitud de la crisis actual, debe ponerse de acuerdo para convocar a lo mejor de nuestra sociedad para que, en diálogo permanente con el pueblo y con todas nuestras instituciones, presente un proyecto de reforma constitucional para que sea aprobado mediante un gran referendum, antes del 28 de julio del 2021. Esperemos que luego el país no elija un presidente exclusivamente político, sino a un auténtico estadista que, sin olvidar dar solución a los angustiosos problemas del presente, proyecte el Perú al futuro.

Que la figura gigantesca de González Prada, nos contagie de ese amor sin límites que profesó al Perú. Su crítica, incluso cuando parece despiadada, sólo fue motivada por su gran amor a nuestra patria. Debemos pensar únicamente en el futuro de las nuevas generaciones.