Responsables del incremento delincuencial
Todos tenemos derecho de protección a la vida, la propiedad individual y colectiva, contra la violación domiciliaria, amenazas e intimidaciones y a usar la legítima defensa. Están establecidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y nuestra vigente Constitución, normas que son de cumplimiento obligatorio desde el día siguiente de su publicación en el diario oficial, por ende, es obligación Constitucional y moral del Estado garantizar permanentemente la seguridad de las personas contra hechos que afecten sus derechos personales. Los funcionarios y trabajadores públicos están al servicio de la Nación empezando por el Presidente de la República, los representantes al Congreso, ministros de Estado, miembros del Tribunal Constitucional y la Junta Nacional de Justicia, los magistrados supremos, el Fiscal de la Nación y el Defensor del Pueblo y los representantes de organismos descentralizados y alcaldes, de acuerdo a ley. Estos, sin excusas, son responsables de proteger a la población ante hechos delictivos.
Lamentablemente, por la incapacidad gubernamental de antes y ahora, la delincuencia sigue ganando terreno en las calles. Las autoridades no han adoptado medidas idóneas para combatirla eficazmente. La inseguridad, la extorsión y asesinato siguen creciendo en el país. Periodísticamente (diarios, radio, televisión) lo informan diariamente. Los delincuentes constantemente incrementan sus modalidades delictivas personales y en organizaciones criminales, muchas dirigidas por delincuentes encarcelados. Asaltan a varones, mujeres y hasta ancianos y niños en lugares públicos, establecimientos, transportes y viviendas usando armas blancas y de fuego lesionando y/o matando a sus víctimas; y hasta explotan “como su negocio” la estafa, secuestro, extorción, prostitución, trata de personas y se enfrentan con armas a la Policía y serenazgo hiriéndolos y hasta ocasionándoles la muerte.
La policía captura a delincuentes y con los atestados los pone a disposición de fiscales y éste al juez penal correspondiente. Mientras la ciudadanía espera que los delincuentes sean procesados penalmente y sentenciados en breve tiempo, la Policía a muchos delincuentes los vuelve a exhibir públicamente (en medios periodísticos) por haberlos capturado en calles por nuevos de delitos. ¿Quién les da libertad? Muchas veces ha trascendido que es por resolución de fiscales y/o jueces.
Se ha informado públicamente que los establecimientos penales están saturados de procesados y/o sentenciados. Hay carencia de cárceles; lo ha reconocido el actual gobierno. El 21/11/2023 se publicó el D.L.N°1585 sustentándolo que “es para promover el deshacinamiento penitenciario modificando normas del Código Penal y el marco administrativo sancionador de funcionarios del Instituto Nacional Penitenciario (INPE)” (SIC). Según informe del INPE a julio del 2022, había 38 cárceles que albergaban 89.464. Los penales con mayor sobrepoblación están en: el Callao, Chanchamayo, Quillabamba, Abancay, Camaná, Miguel Castro Castro, Huancavelica, Pucallpa, Tacna y Huanta. Se reconoce que las realmente seguras son las de Challapalca en Tacna y de Cochamarca en Cerro de Pasco (están a 4.600m. y 4.350m., respectivamente, sobre el nivel del mar). Todos los reclusos gozan gratuitamente de alimentación y servicios de salud que son sufragados por el Estado, es decir con los impuestos que pagan los peruanos a pesar de la inseguridad ciudadana que afecta gravemente a la población. El gobierno reconoce que hay carencia de centros de reclusión para encarcelar a los delincuentes detenidos y/o sentenciados.
La delincuencia con un constante incremento, es responsabilidad de quienes ejercen los Poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial. Sus miembros, desde sus cargos y responsabilidades, no han adoptado eficientes medidas, primero para establecer nítidamente en el código penal la tipicidad de los delitos y severas penas privativas de libertad para los delincuentes; y que las normas procesales fijen plazos breves para los actos procesales penales. Tampoco han establecido la responsabilidad institucional del Ministerio Público y Poder Judicial y su personal de fiscales y/o jueces (de todos los niveles) que no cumplan con procesar las acciones judiciales a su cargo dentro de los plazos procesales. Igualmente es responsabilidad de los electos para los Poderes Legislativo y Ejecutivo – y ministros y funcionarios nombrados y/o designados – no haber previsto la edificación de nuevos centros de reclusión, totalmente seguros, y que en cada uno haya obligatoriamente centros de producción (fábricas) donde obligatoriamente trabajen los detenidos y sentenciados para que elaboren productos para los mercados; con sus remuneraciones los reclusos deben sufragar su alimentación y supervivencia.
¿De dónde se hubiera obtenido el dinero para edificar nuevas cárceles? La respuesta es simple: en lugar de sobornos los corruptores debieron pagar impuestos al Estado. Según informaciones periodísticas – no desmentidas – recibieron sobornos: Alejandro Toledo US$35´000.000, Alán García Pérez US$24´000.000, Pedro Kuczynski US$782.000, Ollanta Humala US$3´000.000, Susana Vallaran US$10´000.000, Keiko Fujimori US$1´000.000, Luis Castañeda US$980.000. Es un total de US$73´762.000,oo que al cambio sólo de S/.3 por dólar, habría S/.221.286.000,oo sin contar sobornos a los otros “gobernantes”. Con esta cantidad se hubiera podido edificar varias cárceles (hasta con aire acondicionado).
¿Se puede tener confianza en los Poderes Estatales?
Las opiniones expresadas en esta columna son de responsabilidad de quien la firma y no representan necesariamente la posición editorial de Punto de Encuentro.
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