¿Somos libres?

UNA HISTORIA QUE ESPERO JAMÁS CONTAR:

Había una vez un lugar que se llamaba Perú, la gente era libre o por lo menos así lo creían. Se creían tan libres y autónomos que hasta en su himno el coro reiteraba las palabras ¡Somos libres! ¡Seámoslo siempre!”, a modo de que se mantenga grabado en las mentes de las siguientes generaciones que la libertad debía perdurar; que no solo era lo más importante: sino lo único. Sin embargo, no existen palabras más falsas que: siempre y nunca. Y es así, que el ‘SIEMPRE’ de aquel himno llegó a un punto final, se acabó la ilusión de algo que no duraría tanto. La pseudo libertad que aquel país creía tener y que jamás valoró, se vio afectada gravemente por un virus, un virus brutal que se venía gestando en las grandes esferas de la clase política y también en el peruano común. Un virus llamado CORRUPCIÓN.

La corrupción empezó, pero no en el congreso; la corrupción empezó en la informalidad, en el arte de los peruanos por no respetar las normas, en la ligereza con que se hacían favores a los amigos y familiares para obtener buenos puestos de trabajo, en la necesidad de no seguir los procesos, de creernos bacanes por no cumplir la ley. La corrupción generó brechas grandes, pues cada gobierno que llegaba trataba de concentrar el poder al máximo, tomando decisiones que favorecían a las cúpulas de sus adeptos y no a los sectores que más ayuda necesitaban, violando derechos y pisoteando la dignidad de su gente sin importar el mal que se le hacía al peruano y el resentimiento que se gestaba en las víctimas de esas decisiones tanto en la capital, pero mucho más en las víctimas del Perú profundo.

Muchos líderes políticos llegaron a ocupar los espacios principales de aquel país; prometiendo salvar a su gente de la pobreza, de la delincuencia y de ese virus que ellos mismos sabían que llevaban dentro. Pero uno tras otro destruyó y quebró más y más la imagen y la estabilidad política de un país que nunca fue un país, sino varios pueblos totalmente diferentes en un mismo territorio. Y los años pasaban, y a pesar de que se sabía que lo único que podía combatir el virus maldito eran dos únicas cosas: la educación y los valores; ningún presidente y tampoco el pueblo quería hacer el esfuerzo de educarse ni de ser buenas personas. Al contrario, comenzaron a separarse más y más; reforzando dos lados que políticamente nunca se habían odiado con tanta intensidad como en el año 2021: la derecha y la izquierda. Ambos decían tener lo mejor para el país y se desprestigiaban con armas como el racismo, el terruqueo, la victimización de los pobres, de la gente del campo, entre otras mañas de guerra sucia. Cada lado tenía su forma de pelear, y de querer venderse como nuestro mesías. No obstante, ambas partes tenían cosas muy positivas que podían ayudar al país y a su gente - siempre que no se desviaran tan al extremo de sus lados y buscaran el consenso entre sí –; aún podían izquierda y derecha ser una luz de esperanza. Pero de nada sirve ilusionarlos, como ya adelanté líneas arriba, el ¡Somos libres! ¡Seámoslo siempre!”, ya había llegado a su final en aquel año 2021.

La pelea incansable y estúpida que se dio por todo el país, y principalmente en redes sociales por querer tener la razón de que un lado del camino era mejor que el otro, no fue más que una distracción, el virus de la corrupción había generado tanto odio y resentimiento en un gran sector de la población que su gente solo vivía para pelear, insultarse, de “fachos” o “rojos”, mientras el mayor enemigo del país,  un monstruo que años atrás había atacado y era mucho peor que el mismo virus de la corrupción aprovechó por arraigarse en los corazones de quienes sentían que nunca habían sido escuchados. Un monstruo que había matado peruanos, que tiñó de sangre el país por años aprovechó la pelea absurda de ambos flancos para crecer silenciosamente, hacerse más fuerte y tomar forma de partido político. Fue tan astuto que ni los que se autoproclamaban los mejores periodistas del Perú se dieron cuenta de lo que crecía en el interior del país, y en varios corazones de limeños que se creían “progres”. 

Y es así como con ayuda de los caviares y los resentidos de un país que jamás fue una nación, ese monstruo que había estado en las tinieblas ganó la batalla y llegó al poder. Porque para los ciegos que acabaron con la libertad, cualquier opción era mejor que el virus de la corrupción, incluso ese terrible monstruo llamado: Terrorismo.

El terrorismo llegó al poder, cuando se suponía que íbamos celebrar el aniversario de una libertad lograda muchos años atrás. Llegó con un modelo económico que nunca, nunca, NUNCA, había funcionado en ningún otro país y que al contrario saqueó las riquezas y espantó la inversión creando más pobreza de la que ya había. Pero para esa mayoría ignorante que puso su odio antes que su propia libertad, aún ese escenario seguía siendo mejor que luchar contra los corruptos; ellos ya habían elegido y el declive inició de esa manera, creyendo que habían salvado el país de un virus que se podía combatir y abriéndole las puertas a quien realmente los iba a destruir.

Hoy, en el año 2041, veinte años después de una elección que marcó el fin de la democracia de un país con errores y diferencias, pero que de alguna forma había empezado a crecer; muchos tuvimos que huir de la dictadura de un gobierno que no nos dejaba escoger, que empezó a adoctrinar a niños para revalorizar asesinos que antes conocíamos como terroristas, de una escasez infinita de comida y medicinas, de un total abuso de autoridad y la desaparición de varias instituciones para dejarnos sin armas con que luchar. Así fue como la libertad quedó en el olvido. Y, mientras todos en el congreso cantaban el himno nacional dándole el poder a un títere del terrorismo, comunismo y socialismo, empezó a desaparecer eso que cientos de hombres y mujeres lograron obtener en el año 1821. Fue mientras se le ponía la banda a un nuevo líder y cantando nuestro himno nacional que perdimos lo más valioso que teníamos. Fue diciendo: ¡Somos libres! ¡Seámoslo siempre! ” , cuando empezamos a dejar de serlo, me pregunto si ese 28 de julio del 2021 alguien se preguntó si de verdad éramos libres, o si alguna vez lo fuimos realmente. Pues quien iba pensar que ese regalo que nuestros antepasados ​​nos dieron solo nos duraría 200 años.

Atte.

Una peruana refugiada en el extranjero.

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