¿Muerto el perro se acaba la rabia?

12 Septiembre, 2021

Patrizia Santos

Este fin de semana estuve viendo un documental y una película sobre el 11 de Setiembre del 2001, ya que mi clara intención era escribir sobre el atentado terrorista a las torres gemelas y cómo impactó ese suceso en el mundo. Había decidido primero contar cómo lo viví desde mi casa a los doce años: la preocupación que invadía a mi familia ya que mi hermana vivía en Estado Unidos. Luego, pensé que sería bueno recalcar los cambios que U.S.A. tomó al respecto, pues, a partir de ese entonces los protocolos de seguridad en el país norteamericano y en todos los aeropuertos del mundo cambiaron. Sin embargo, hoy veinte años después del ataque terrorista más brutal que sufrió los Estado Unidos, me desperté con otra noticia sobre terrorismo… “¿Coincidencia en las fechas?” fue lo primero que pensé y mi segundo pensamiento fue: “11 de setiembre, fecha donde los terroristas siempre hacen noticia. Sean de Afganistán o de Perú… y no, no espero que Abimael descanse en paz”.

¡Estoy feliz! En serio, hasta se me ha ido el mal humor por despertarme tan temprano un sábado, ¿Por qué tengo que negar que la muerte de la maldad personificada me provoca una felicidad exuberante? No soy caviar, ni de izquierda, y además vivo en un país que aún no ha limitado mi derecho a expresarme, por lo tanto, así como se esparce y se ha esparcido descaradamente el “Pensamiento Gonzalo”, yo igual esparzo mi sonrisa por la noticia de la muerte de Abimael Guzmán. Un monstruo que mató, hombres, mujeres, ancianos y niños; un desgraciado que robaba infantes para adoctrinarlos con su ideología y tener más adeptos. Un ser tan inhumano que hacía que los niños vieran como morían sus padres. Un desgraciado tan perverso que incluso utilizaba a los seres más puros de este planeta: los perritos; para colgarlos y dejarlos morir asfixiados en diversos postes de Lima y también los hacía explotar con dinamita. Todo esto para enviar mensajes de terror a nuestros policías de aquel entonces.

Sin embargo, a pesar de mi felicidad transparente y de las pocas horas que han pasado del deceso de este monstruo, me quedan ciertas dudas sobre esta noticia.  La primera, es que aún no se ha mostrado el cadáver. Y no, no es morbo, pero les recuerdo que hasta hace pocas semanas se estaba gestando su traslado a otra cárcel y se pedía tratos especiales por su salud. Recordemos que tenemos un estado tan indulgente y que nuestro primer ministro es tan fan de Abimael que no me sorprendería que el monstruo esté vivo y esto sea una pantomima, esperemos que no sea así y que mi primera duda sea totalmente contraria a lo que sospecho.  La segunda duda que me queda es el silencio del presidente Pedro Castillo y varias de las instituciones, siendo las 11:40 a.m del 11 de setiembre del 2021 (momento en el que escribo este artículo) y habiendo pasado casi 5 horas del deceso del terrorista que más peruanos ha matado en nuestra historia; es increíble que nuestro presidente no se haya pronunciado aún, es abominable que el ministro de Salud Hernando Cevallos diga “Nadie desea el fallecimiento de nadie por más delitos que haya cometido”, tratando de victimizar al terrorista fallecido, que a diferencia de su estúpido discurso, aquel terrorista sí deseaba la muerte de niñas, jóvenes y todo el que le sirva para sus fines. Mi tercera duda es ¿Muerto el perro se acaba la rabia? ¿Cómo vamos a acabar con la mierda que nos deja este asesino?  Porque seamos honestos, este tipejo tuvo razón en algo que dijo en su detención: “Al final al hombre le pueden quitar las cosas, pero nunca lo que tiene acá (señalando su cabeza) …. Y cuando uno muere, esto (señalando su cabeza nuevamente) queda en los demás”. Y cuando me refiero a la mierda que nos dejó, me refiero al Pensamiento Gonzalo, que lamentablemente después de 29 años de su captura ha ido creciendo hasta convertirse en “grupos políticos” y “partidos políticos” disfrazados de héroes de los pobres; y peor aún han proliferado una historia diferente a muchos jóvenes que hoy en día creen románticamente que Abimael Guzmán fue un preso político y no un asesino. ¿Qué hacemos con esta generación que se pudrió mentalmente de la mierda que nos dejó Abimael? Mi más sincera respuesta es: NADA, no podemos hacer nada, pero SÍ PODEMOS ENFOCARNOS EN TODAS LAS NUEVAS GENERACIONES, educarlos con la verdad por más cruda que sea, contarles la historia real de lo que pasó, tanto en las escuelas como en nuestros hogares y no dejar que nuevas generaciones esparzan la mierda que este genocida quiso dejar en los demás. Mi cuarta y última duda es ¿Qué se hará con el cuerpo? No tenemos que ser ciegos para saber que el terrorismo ahora llamado MOVADEF, tiene sus tentáculos en el gobierno del títere Castillo. Y en el poco tiempo que este impresentable gobierno ha tenido, las ansias por reescribir la historia, por romantizar los ataques y asesinatos que cometió Sendero Luminoso, han sido totalmente desesperados. Buscando sacarle partido al mal manejo de la información que se ha dado en los colegios y la ignorancia de nuestros jóvenes, para contarles hechos a su conveniencia, para contarles otra historia. Por lo mismo me inquieta saber si este asesino, terrorista y asquerosos ser, pueda tener la posibilidad de tener un mausoleo al cual luego le vayan a brindar culto. Desde mi punto de vista deberían tirar su cuerpo al mar al mismo estilo que Osama bin Laden, el mismo terrorista que también fue noticia un día como hoy.

 

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