Punto de Encuentro

La desfujimorización, o las formas del castigo

La desfujimorización tiene las formas del castigo. Semejante brutalidad caviar y estatal se debe al fracaso para acabar con la dicotomía fujimorismo-antifujimorismo que ha establecido la lógica de nuestro proceso político en los últimos treinta años, y por supuesto de los procesos electorales de los años 2011, 2016 y 2021. Por supuesto, la desfujimorización se debe también al proyecto de construcción artificial de un posiblemente cercano escenario de proceso electoral: La idea es que el fujimorismo no constituya más esa gran fuerza polarizante y ordenadora del comportamiento electoral que ha producido, casi por ley física, la regularidad de que la candidata presidencial Keiko Fujimori quede colocada en la segunda vuelta electoral. Es decir que, los competidores del fujimorismo pretenden encargarles a las instituciones, devenidas en mecanismos, del derecho penal y del derecho electoral aquello de lo que no son capaces de lograr mediante elecciones libres. Michel Foucault construye su arqueología del castigo a partir de la idea de que a fines del siglo dieciocho e inicios del siglo diecinueve el Estado abandonaría el teatro de los castigos, de los cuerpos supliciados. En lugar de la simetría de la venganza, se habría asumido una cierta estética de la pena razonable. Dice Foucault: “Se excluye del castigo el aparato teatral del sufrimiento, (más bien) se entra en la era de la sobriedad punitiva”, “A la expiación que causa estragos en el cuerpo debe suceder un castigo que actúe en profundidad sobre el corazón, el pensamiento, la voluntad, las disposiciones”. Pero, ocurre que el proceso de desfujimorización contradice la idea foucaultiana del humanismo moderno como el progreso de las formas del control social e incluso del control político.

No tenemos propiamente un relato de la fujimorización, pero sí un libreto de los procedimientos de comunicación política y de judicialización política de la desfujimorización. Veamos el procedimiento de la desfujimorización por mano caviar o propia: La desfujimorización es el establecimiento de una distinción semiótica. El discurso de la villanía tiene como categorías principalmente a la corrupción y a la violación de los derechos humanos, y ocupa un lugar central en la construcción estatal de la memoria. Los medios de comunicación, principales mecanismos en este procedimiento, han fortalecido un relato que se inició con el golpe de Estado del 5 de abril de 1992, que se reforzó con la sentencia condenatoria de Alberto Fujimori el 7 de abril de 2009, que encontró mayor arraigo con las detenciones preliminares de Keiko Fujimori el 2018 y el 2020, y que tendría su expresión más importante en los indultos, tanto el frustrado del 2017, como el aún efectivo del 2023, de Alberto Fujimori. Las detenciones y las cárceles de Alberto y Keiko Fujimori son las mayores puestas en escena de la desfujimorización, como las más grandes formas de la “corrección” caviar sobre la “incorrección” fujimorista, o como las más grandes formas de la extirpación del fujimorismo.

La desfujimorización se pretende una profilaxis que implica hacer desaparecer a los símbolos del fujimorismo, pero también hacer desaparecer a los Fujimori en el estigma o en la cárcel. Veamos el procedimiento de la desfujimorización por mano judicial o encargo: La desfujimorización toma la forma del lawfare o guerra política a través de las instituciones del sistema judicial y del sistema electoral devenidas en mecanismos de la aniquilación. No obstante, la desfujimorización revela un procedimiento más: La desfujimorización por parte del propio fujimorismo: Se trata del proyecto de refundación del fujimorismo a partir del constructo de que Alberto Fujimori es líder histórico, pero también arcaico. Esta desfujimorización es electoral y es personal: Se basa en una cierta linealidad histórica, en la cual el fujimorismo habría alcanzado un estadio caracterizado por la cancelación de grado, mayor o menor, con su tradición: Keiko Fujimori y Fuerza Popular ocuparían la actualidad autónoma de una lideresa y de un sujeto político. A mi entender, esta racionalidad de la desfujimorización del fujimorismo equivale a la medida de la desmedida. Alberto Fujimori fundó el siglo veintiuno peruano, y la desfujimorización es uno de los espectáculos totalitarios de nuestra historia. Es así: La desfujimorización tiene las formas del castigo.

NOTICIAS MAS LEIDAS