Punto de Encuentro

El Rolex, o la no distinción presidencial

El Rolex de la presidenta Dina Boluarte no establece la distinción, el sentido del buen gusto, en la sociedad peruana. Al contrario, el habitus de Boluarte, ex ante presidenta, nos participaría de la incapacidad de Boluarte para alcanzar a comprender una obra de arte, y para distinguir entre una buena y mala obra. El reloj de la presidenta representa una violencia simbólica. Además, no legitimada. Pierre Bourdieu ha escrito uno de los libros más importantes de la tradición sociológica, que constituye un enfoque para el caso de la presidenta y su Rolex, titulado “La distinción. Criterios y bases sociales del gusto”. Se trata de una teoría sociológica estructuralista, construida a partir de una investigación empírica sobre los que son y no son como Boluarte. Bourdieu sugiere la idea de que existen diversos tipos de capital social, y restricciones de simetrías entre estas diversas formas de capital, no solo económicos, sino también sociales y culturales. Por tanto, todas las personas tienen un capital cultural, mayor o menor, poseedor de activos sociales propios de la educación y la cultura en general, que motivan la distinción como forma de movilidad social. Las personas que no son como Boluarte determinan la distinción y el gusto, al margen de las condiciones económicas y objetivas en general. Quienes tienen menos capital legitiman, como algo natural, el sentido del gusto, de la distinción entre alta cultura y baja cultura, y tienen menos posibilidad de obtener un capital cultural formidable pues no tienen las condiciones para ello. La mayoría de peruanos otorga a los objetos-relojes una función determinada en la vida cotidiana; pero, la presidenta de los peruanos se procura para sí una valoración pura, estética, del objeto-reloj más allá de su función cotidiana de ver la hora.

El Rolex presidencial contiene una violencia simbólica tal, que busca enseñarnos a los peruanos que las distinciones entre los gustos, y posibilidades de acceder a los gustos, son naturales y hasta necesarios. Es grave, pues la presidenta parece emitir el mensaje de que los peruanos de menor capital general son incapaces de definir, por sí mismos, su sentido del gusto. Bourdieu dice que “la estética de la clase trabajadora es una estética dominada, a la que se obliga a definirse siempre en términos de la estética de la clase dominante”. El Rolex de la presidenta es una opción estética que crea divisiones de clase, pues separa a un sector de peruanos poseedores de buen gusto y con capital general para acceder a él, del resto de peruanos desposeídos del buen gusto y descapitalizados. Hay una violencia más: Boluarte, ex ante presidenta, no tuvo predisposición alguna por el arte y la alta cultura. Por lo cual, se podría decir que Boluarte, desde su posición de presidenta, está reorientando sus gustos y su posición de clase. En este sentido, la presidenta se ha reeducado para mal: Ha caído en la preferencia por objetos y procederes que ahora considera apropiados para ella, dada su condición presidencial, y en la aversión por objetos y procederes que antes le eran propios, dada su condición de apurimeña y provinciana en general. Es más, su campaña la hizo con atuendos serranos y hasta en yanques. Boluarte luce un Rolex por pura distinción presidencial, por pura reubicación personal dentro de la clase social y culturalmente dominante, pues es imposible que pretenda enseñar a los peruanos de las clases social y culturalmente dominadas, nuevas formas de variación estética y nuevas formas de reproducción social. El Rolex de la presidenta no ha establecido la distinción, el sentido del buen gusto, sino que, por el contrario, ha establecido una de sus mayores pérdidas de legitimidad. Dina Boluarte debe saber que la primera forma de la distinción, de la elegancia, es la palabra, y que se es (no se está) elegante: Su Rolex es el reloj más alienado, y hasta más vulgar, del mundo.

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