El motor de un país que no se detiene: 130 años de la Sociedad Nacional de Industrias
. Ver la imagen completa en una pestaña nuevaPor: Guillermo Céspedes Medina
Muy pocas instituciones, asociaciones o conglomerados en el Perú pueden jactarse de haber cruzado la valla de los cien años de vida institucional manteniendo intacta su relevancia. El caso de la Sociedad Nacional de Industrias (SNI) representa algo más que una simple sigla gremial: constituye un norte, un eje vertebrador y, prácticamente, una filosofía de vida para quienes hacen patria desde las fábricas, las pequeñas plantas de producción y los talleres de cada rincón nacional. En un país convulsionado por vaivenes políticos e incertidumbre económica, es digno de reconocer la valentía, la entrega y la profunda capacidad organizativa de un gremio que ha sabido priorizar las urgencias más complejas del aparato productivo.
A mis manos ha llegado recientemente el libro conmemorativo publicado por el 130 aniversario de la SNI, una obra sorprendente que logra sintetizar, analizar y poner en valor tanto la trayectoria histórica del gremio como sus banderas de lucha actuales y su visión estratégica hacia el futuro. Hoja a hoja, el texto deja en claro que la historia de la SNI no es un relato aislado, sino un reflejo holístico y transversal de la propia evolución del Perú moderno. La institución ha sido un actor vivo, activo y colaborativo, capaz de dialogar con el Estado pero también de responder ante las coyunturas más difíciles.
Concebida en 1896, bajo el gobierno de Nicolás de Piérola y en pleno proceso de reconstrucción nacional tras los estragos de la Guerra del Pacífico, la SNI surgió por la necesidad urgente de modernizar la producción local, fomentar las exportaciones y erigir una base manufacturera sólida. Desde entonces, como lo atestigua este volumen conmemorativo, el gremio ha protagonizado una sucesión interrumpida de esfuerzo y trabajo dedicado a proteger y expandir el motor económico peruano.
El texto nos guía a través de un recorrido narrativo y visual sumamente ameno, donde el rigor histórico se combina con un archivo gráfico y testimonial que sensibiliza al lector sobre los momentos más álgidos de nuestra patria. Se destaca, por ejemplo, cómo la búsqueda de modernidad se reflejó en su propia infraestructura urbana, transitando por nueve sedes institucionales hasta consolidarse en su emblemático edificio de San Isidro. Pero el compromiso del gremio nunca se quedó en Lima: su expansión regional, impulsada por industriales de provincias, fue la piedra angular para descentralizar el desarrollo, reducir brechas territoriales e integrar la formación técnica en el interior del país.
Esa misma visión de futuro fue la que llevó a la SNI a fundar en 1961 el Servicio Nacional de Adiestramiento en Trabajo Industrial (SENATI), un hito trascendental que articuló la educación con el sector privado para calificar mano de obra peruana, promover innovación técnica y reducir la dependencia de expertos extranjeros. Años más tarde, en 1971, la creación del Comité de la Pequeña Industria (COPEI) terminó de equiparar el terreno, dando voz, financiamiento y capacitación a las medianas y pequeñas empresas (Mypes), que hoy sostienen la mayor parte del empleo industrial en el país.
El libro no esquiva los capítulos difíciles ni las agendas sociales de vanguardia. Pone en relieve cómo la incorporación progresiva de la mujer transformó la industria nacional, abriendo espacios de liderazgo, equidad e innovación para miles de familias. Del mismo modo, aborda con firmeza el rol del gremio durante los años más oscuros del terrorismo y las crisis económicas de los 80 y 90, período en el cual la SNI se convirtió en un baluarte en defensa de la libertad de empresa, el orden democrático y la paz social frente a los quiebres institucionales y las amenazas estatizadoras. Más adelante, durante la reapertura comercial y la negociación de los Tratados de Libre Comercio (TLC), el gremio brindó el respaldo técnico necesario para elevar nuestros estándares productivos y permitir que los productos peruanos compitan de igual a igual en los mercados globales.
Hoy en día, al contrastar esta memoria histórica con la percepción que existe en redes sociales y medios de comunicación, queda claro que la SNI mantiene intacto su peso institucional. En el debate público se le reconoce como una voz técnica indispensable para enfrentar flagelos actuales como el comercio ilícito, el contrabando, la informalidad y la subvaluación de mercancías. Es esa misma firmeza la que el gremio demuestra cuando exige ante Indecopi la aplicación de medidas antidumping justa y transparente, no como un gesto de protección desmedida, sino para garantizar un terreno de libre competencia donde la industria local (desde el textil y el calzado hasta el sector siderúrgico) no sea devastada por prácticas comerciales desleales de competidores extranjeros.
Las propias empresas asociadas —desde las grandes corporaciones hasta los emprendedores Mype— coinciden en que pertenecer a este entramado representa un escudo de representación frente a las trabas burocráticas, los sobrecostos logísticos y la cautela económica. Asimismo, el libro resalta la vocación de servicio del gremio en momentos de emergencia nacional: ante desastres naturales y crisis sanitarias, la industria nacional siempre ha estado presente, movilizando recursos, solidaridad y soluciones sostenibles para defender la vida y la estabilidad de las comunidades.
El volumen cierra con una mirada de esperanza hacia lo que viene. La infraestructura estratégica, la tecnología y la sostenibilidad abren un abanico de oportunidades para que el Perú lidere el crecimiento industrial de la región. En sus páginas finales, bajo el título apéndice "Nosotros", la publicación rinde un merecido homenaje al tejido humano que sostiene esta catedral productiva: presidentes, comités ejecutivos, técnicos, operarios y trabajadores asociados que, desde el liderazgo o la labor diaria, han construido esta vida institucional.
Celebrar 130 años de la Sociedad Nacional de Industrias no es solo mirar el pasado con orgullo, sino asumir el compromiso colectivo de seguir construyendo un país próspero, descentralizado e independiente. Este libro es un testimonio vivo de que, cuando la empresa, el talento local y la visión de país caminan juntos, el Perú no tiene techo.
Las opiniones expresadas en esta columna son de responsabilidad de quien la firma y no representan necesariamente la posición editorial de Punto de Encuentro.
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