Una visita al mundo del kung fu Shaolin en Lima
Walter Zuazo, conocido en el mundo budista como Shi Heng Yi (释恒依), es un monje peruano que recibió la ordenación en el famoso Templo Shaolin de China y uno de los principales promotores del kung fu Shaolin en Sudamérica.
Ver la imagen completa en una pestaña nuevaWalter Zuazo, conocido en el mundo budista como Shi Heng Yi (释恒依), es un monje peruano que recibió la ordenación en el famoso Templo Shaolin de China y uno de los principales promotores del kung fu Shaolin en Sudamérica.
Desde niño, Walter se sintió atraído por las artes marciales chinas. Como muchos jóvenes de su generación, las películas de Bruce Lee despertaron su interés por el kung fu. Incluso llegó a aprender con maestros chinos en el Barrio Chino de Lima. A los 21 años se fue a Venezuela, donde enseñó artes marciales y participó en competencias internacionales. En 1996 llegó a Nueva York y entró en contacto con una institución vinculada al Templo Shaolin, profundizando tanto en el kung fu como en el budismo.
El 16 de octubre de 2010 recibió su primera ordenación en Nueva York, bajo la guía del maestro Shi Guolin. En 2023 viajó al Templo Shaolin de Henan, China, donde participó en la ceremonia de las tres ordenaciones budistas, completando así su proceso de ordenación como monje.
Conocí a Walter en algunas actividades de la comunidad china de Lima. A él le interesan mucho los estilos internos que practico, como el Xingyi, el Bagua y el Taiji. Por mi parte, admiro su dedicación al kung fu. Así nos hicimos amigos y, desde entonces, solemos intercambiar ideas sobre las artes marciales.
El domingo 1 de noviembre, en una de esas tardes en que Lima empieza a sentir el calor del verano, fui a visitarlo a su centro de entrenamiento Shaolin, que funciona en su propia casa, junto a un parque en La Victoria. El local es pequeño, pero tiene un aire muy zen. Aunque anteriormente había enviado a un periodista que trabajaba conmigo para entrevistarlo, era la primera vez que yo lo visitaba personalmente.
Nos sentamos a conversar en la pequeña sala de entrenamiento. Al poco rato llegó Elvis Vicuña, uno de sus mejores discípulos y, además, su yerno. Elvis fue campeón de Taolu (formas tradicionales) en el Festival Internacional de Artes Marciales Shaolin de 2024. Es un joven fuerte, de aspecto imponente, pero sencillo y humilde en su trato. Lo invitamos a sentarse y pronto terminamos hablando de la historia del kung fu chino y de la filosofía que hay detrás del Shaolin.
El kung fu Shaolin es una de las tradiciones más conocidas de las artes marciales chinas. Su principal centro histórico es el Templo Shaolin, en la provincia de Henan. Muchas escuelas de kung fu tienen alguna relación, directa o indirecta, con esta tradición. De ahí viene un antiguo dicho chino: «Todas las artes marciales bajo el cielo tienen su origen en Shaolin».
El Shaolin se caracteriza por sus movimientos fuertes y rápidos, combinando la dureza con la suavidad. No se trata simplemente de golpear con fuerza, sino de coordinar las manos, la mirada, el cuerpo, las técnicas y los pasos. Incluye golpes, patadas, agarres y proyecciones. Por su historia, vinculada también a guerras y a la defensa del monasterio, siempre ha dado importancia a la aplicación práctica del combate.
Pero el kung fu Shaolin no es solamente una técnica de pelea. También presta atención a la respiración, la concentración y el desarrollo personal. El Templo Shaolin es uno de los lugares más importantes del budismo Chan, conocido en Occidente como zen. Según la tradición, Bodhidharma, considerado el primer patriarca del Chan en China, practicó allí la meditación frente a una pared. Con el tiempo surgió la idea de unir el zen con las artes marciales, aunque practicar kung fu y seguir una vida religiosa no son exactamente lo mismo.
La historia de las artes marciales chinas en el Perú se remonta a la llegada de los primeros inmigrantes chinos en 1849. Como la mayoría venía de Guangdong(Canton), trajeron consigo los estilos marciales de esa región, que inicialmente se practicaban dentro de la comunidad china.
Durante las décadas de 1960 y 1970, las películas de Bruce Lee despertaron un enorme interés por el kung fu. Más adelante, El templo Shaolin, protagonizada por Jet Li y estrenada en China en 1982, contribuyó a popularizar estas artes marciales en el mundo. Poco a poco, las escuelas del Barrio Chino de Lima y de otros lugares comenzaron a atraer también a alumnos peruanos sin ascendencia china.
Walter representa otra etapa de esta historia. No se quedó solamente con las técnicas de combate, sino que profundizó en el budismo y la filosofía Shaolin. Después de vivir muchos años en Venezuela y continuar su formación en Estados Unidos, regresó al Perú en 2015, dedicándose desde entonces a enseñar kung fu Shaolin y difundir su cultura.
Mientras conversábamos, fueron llegando sus alumnos Salomón Morelos, Rubén Palomino y Lorena Vinde para comenzar su entrenamiento habitual.
Me quedé observándolos. Aunque el espacio era pequeño, todos practicaban con mucha seriedad. Y como a mí también me gusta mucho el kung fu, no pude evitar levantarme para compartir con ellos algunas ideas sobre las artes marciales tradicionales chinas, especialmente la coordinación de las manos, la mirada, el cuerpo, las técnicas y los pasos. En las artes marciales chinas, una rutina no es simplemente una serie de movimientos bonitos. Cada movimiento tiene una aplicación de ataque o defensa, y cada paso o cambio de postura está relacionado con el equilibrio y la transmisión de la fuerza.
No basta con ejecutar bien una figura; también hay que entender para qué sirve y de dónde viene la fuerza.Aproveché mi experiencia con el Xingyi, el Bagua y el Taiji para explicarles algunos principios comunes, como los cambios del centro de gravedad y la coordinación corporal para generar fuerza. Los alumnos escuchaban con interés, hacían preguntas e intentaban aplicar lo que les explicaba. Walter también participaba en la conversación.
Algo que me gusta mucho de Walter es que, a pesar de llevar tantos años practicando y enseñando, sigue teniendo curiosidad por conocer otros estilos. No pretende saberlo todo ni considera que su escuela sea la única que vale la pena. Para mí, esa actitud es fundamental en cualquier persona que realmente quiera aprender. Aquella tarde me dejó una impresión muy agradable. Para un peruano, aprender las artes marciales tradicionales chinas no es tan sencillo como parece. Existen diferencias de idioma y cultura, y muchos conceptos del kung fu ni siquiera tienen una traducción exacta al español. Pero, sobre todo, se necesita paciencia. Mucha paciencia. Aprender unas cuantas rutinas puede ser relativamente fácil; entenderlas y dominarlas requiere años.
También me dio mucho gusto conocer mejor a Elvis, Salomón, Rubén y Lorena. Son jóvenes que dedican parte de su tiempo a practicar una tradición nacida hace siglos al otro lado del mundo, interesados no solamente en sus técnicas, sino también en la cultura que hay detrás de ellas.
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