Byung-Chul Han plantea el núcleo de la reflexión psicopolítica en la paradoja de que la dominación contemporánea no necesita suprimir la libertad porque puede convertirla en instrumento de sometimiento. Lo hace en Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder. El libro fue publicado en 2014, pero la pandemia declarada en 2020 ofreció el gran escenario para comprender semejante transformación. El poder pandémico no solo intervino en la vida biológica, sino que encontró la comunicación, la subjetividad y la libertad individual nuevas condiciones para su ejercicio. La psicopolítica introduce un desplazamiento en la inteligibilidad del poder. Michel Foucault mostró que las sociedades modernas desarrollaron tecnologías disciplinarias sobre los cuerpos y mecanismos biopolíticos sobre las poblaciones; en tanto que, Han identifica, en lo que él denomina neoliberalismo, una racionalidad que convierte la propia subjetividad en objeto privilegiado de gobierno. No se trata simplemente de sustituir la coerción por la persuasión, sino, fundamentalmente, de transformar las condiciones mediante las cuales el sujeto participa en la reproducción de las relaciones de poder.
La cuestión politológica consistiría en determinar cómo puede establecerse una relación de dominación precisamente allí donde los individuos se reconocen como sujetos libres. En la psicopolítica, el imperativo de rendimiento reemplaza, de modo parcial, pero importante, al mandato disciplinario. El “sujeto neoliberal” no se comprende a sí mismo como obediente, sino como emprendedor de sí mismo. Su libertad se manifiesta en la capacidad de producir, competir, optimizarse y exponerse permanentemente. No obstante, aquello que experimenta como autodeterminación puede constituir una forma históricamente específica de subordinación. Precisamente, la autoexplotación expresa la coincidencia entre el sujeto que exige y aquel que ejecuta la exigencia. La originalidad de Han reside en comprender que el poder alcanza una eficacia singular cuando deja de aparecer como exterioridad. La dominación psicopolítica no necesita imponer continuamente prohibiciones porque opera sobre deseos, motivaciones y expectativas. Su racionalidad es afirmativa antes que represiva, estimula la iniciativa, promueve la transparencia y transforma la comunicación en una fuente inagotable de información sobre los individuos.
La pandemia mostró que la administración biopolítica de la vida podía articularse mejor con dispositivos digitales de vigilancia sanitaria capaces de registrar contactos, desplazamientos y comportamientos. No obstante, la vigilancia epidemiológica no constituye por sí misma psicopolítica. El significado teórico de la psicopolítica emerge cuando convergen formas voluntarias y permanentes de conectividad y exposición, y de producción digital de subjetividades. Ocurre que, de esta convergencia, surge una interrogante fundamental para la ciencia política: ¿Pueden las democracias conservar sus instituciones representativas mientras se consolidan mecanismos de dominación que atraviesan la interioridad de los gobernados? Entonces, la categoría “dictadura psicopolítica” constituye una hipótesis de dominación no necesariamente dictatorial en su configuración tradicional, institucional, pero potencialmente autoritaria en sus mecanismos de producción de subjetividad. Su particularidad consiste en que puede desarrollarse dentro de las democracias representativas, conservando sus instituciones formales mientras condiciona las posibilidades sustantivas de autodeterminación de los gobernados. Por supuesto, esta hipótesis crítica no debe ser confundida con la definición tradicional, institucional, de dictadura, ni puede ser atribuida literalmente a Han.
La psicopolítica amplía el horizonte de lo políticamente pensable. El poder ya no puede comprenderse únicamente desde el Estado y su control coercitivo sobre los cuerpos. Ocurre que empiezan a investigarse los procedimientos que organizan deseos, administran libertades, es decir, que producen sujetos. Así, la paradoja final es profundamente política, pues la dominación alcanza una de sus formas más eficaces cuando el individuo reconoce como expresión de su libertad aquello que contribuye a gobernarlo. O sea, la dominación se profundiza mientras las instituciones democráticas permanecen formalmente intactas. Entonces, la psicopolítica no es la superación histórica de la biopolítica, sino que ambas categorías de racionalidad del poder pueden y deben articularse, o, en todo caso, pueden articularse en determinadas configuraciones históricas del poder. Esta interpretación, esta articulación, permite establecer el diálogo entre Han y Foucault, incluso, sin reducir la contribución de ninguno de los dos. Pues, la pandemia permitió la articulación entre biopolítica, psicopolítica y gubernamentalidad digital. Este artículo incorpora a Han al debate politológico, y propone una conceptualización de la dictadura psicopolítica como categoría propia de la ciencia política, a partir del diálogo entre Han y Foucault. De lo dicho, este artículo abre una línea de reflexión sobre la necesaria reconceptualización del poder dictatorial también como dictadura psicopolítica.