Punto de Encuentro

De Caral a Cusco: un recorrido por la historia del Perú

15 Octubre, 2026

John Pan

Por Chengzun Pan**


Después de visitar la Ciudad Sagrada de Caral junto con los viajeros de la revista National Geography of China, al día siguiente continuamos nuestro recorrido por el Centro Histórico de Lima. Sus plazas, iglesias y antiguas casonas nos ofrecieron otra mirada a la historia del Perú: después de acercarnos a una de las civilizaciones más antiguas de América, nos encontrábamos ahora con el legado de la capital virreinal.

Esa misma noche viajamos a Cusco. Para los integrantes del grupo, el cambio de altitud representaba un desafío: pasamos de una ciudad costera a unos 3.400 metros sobre el nivel del mar en pocas horas. Llegamos alrededor de las nueve de la noche y nos dirigimos directamente a descansar para empezar a adaptarnos a la altura.

Al día siguiente, iniciamos nuestra jornada a las nueve de la mañana. Antes de conocer las famosas construcciones incas, el líder del grupo propuso visitar primero el Museo Inka para comprender mejor el contexto histórico de lo que veríamos después.

El museo nos permitió acercarnos a las culturas que precedieron a los incas y conocer distintos aspectos de la sociedad del Tahuantinsuyo. Las piezas de cerámica, los tejidos y los objetos ceremoniales nos recordaban que los incas no habían surgido de la nada: detrás de ellos había miles de años de conocimientos, experiencias y transformaciones.

Este recorrido por el pasado nos lleva primero a Caral, que se desarrolló aproximadamente entre los años 3000 y 1800 a. C. Después surgieron importantes centros y tradiciones culturales, como Sechín y Cupisnique. Hacia el año 900 a. C., Chavín se consolidó como un centro de gran influencia religiosa y artística.

En distintos momentos y regiones florecieron Paracas, Nasca y Moche, entre otras culturas. Más adelante, Wari y Tiwanaku extendieron su influencia sobre amplios territorios andinos. Tras su declive, se desarrollaron reinos y señoríos regionales, como Chimú y Chincha, hasta que los incas, establecidos inicialmente en Cusco, emprendieron su gran expansión durante el siglo XV.

No se trataba de una sucesión lineal de pueblos que desaparecían para dar paso a otros. Muchas de estas culturas coexistieron, intercambiaron conocimientos y siguieron caminos diferentes. La grandeza de los incas se apoyó tanto en sus propias innovaciones como en el legado de las sociedades anteriores. Integraron territorios y pueblos mediante caminos, sistemas de administración y trabajo colectivo. El Qorikancha, Sacsayhuamán y Machu Picchu son algunas de las expresiones más conocidas de ese desarrollo.

Con esa perspectiva, salimos del museo y visitamos Sacsayhuamán, el imponente complejo arqueológico situado en la parte alta de Cusco. Sus enormes bloques de piedra, cuidadosamente ensamblados, permiten apreciar la extraordinaria habilidad de los antiguos constructores. Más allá de su imagen habitual como fortaleza, fue también un espacio de gran importancia ceremonial. Contemplar sus muros invita a preguntarse cómo se organizaron el transporte de las piedras, el trabajo colectivo y la ejecución de una obra de semejante magnitud.

Por la tarde, visitamos el Qorikancha, conocido como el Templo del Sol, uno de los principales recintos sagrados del Cusco inca. Frente a los enormes bloques de Sacsayhuamán, aquí llamaban la atención las piedras finamente trabajadas, las superficies regulares y las uniones de notable precisión. Ambos lugares muestran distintas expresiones del dominio inca del trabajo en piedra.

Sobre parte de este antiguo recinto se levantó posteriormente el Convento de Santo Domingo. Allí, la arquitectura inca y la colonial comparten un mismo espacio, haciendo visible la superposición de distintas etapas de la historia peruana.

La conquista española comenzó en 1532 y dio paso a la construcción de un nuevo orden colonial, mientras la resistencia inca continuó en Vilcabamba hasta 1572. Lima se convirtió en el principal centro político del virreinato, y Cusco conservó, en sus muros y edificios, las huellas de aquella profunda transformación.

Nuestro recorrido nos permitió conectar esas etapas: Caral nos acercó a los primeros centros de civilización; el museo nos ayudó a comprender la larga trayectoria anterior a los incas; Sacsayhuamán y el Qorikancha nos mostraron sus logros arquitectónicos y su mundo ceremonial; y el Centro Histórico de Lima nos había permitido conocer el legado de la época virreinal. Más que visitar monumentos aislados, estábamos aprendiendo a leer distintos capítulos de una misma historia.

Para mí, recorrer estos lugares también significa sentir la historia. En Caral, imaginar el eco de las ceremonias que reunían a sus habitantes; en Cusco, evocar a Cusi Yupanqui, el futuro Pachacútec, organizando la defensa de su ciudad frente a los chancas; en Sacsayhuamán, recordar los combates durante los cuales Juan Pizarro recibió la pedrada que le costaría la vida; y, al pensar en Vilcabamba, acompañar con la imaginación los últimos pasos de la resistencia inca.

Amo al Perú porque la historia de esta tierra también me pertenece. A lo largo de mis años aquí, he construido vínculos, compartido experiencias y encontrado un lugar desde el cual aportar. En mis artículos intento dar voz a esa relación: comprender el pasado, contar el presente y participar en lo que viene.
Nací en China, pero el Perú también es mi hogar. Por eso escribo sobre su historia con afecto, respeto y un profundo sentido de pertenencia. Me enorgullece formar parte de este país y contribuir, desde mi vida y mi escritura, a la historia que seguimos construyendo juntos.
 

NOTICIAS MAS LEIDAS