Las relaciones familiares han ido variando con el tiempo, como la responsabilidad recaída en el hombre para el sostenimiento del hogar que hoy es compartida, así como el cuidado del hogar y de los hijos. Permitiendo así, la intervención del Estado en la regulación de las conductas de los integrantes de la familia como su protección de los mismos. Entendiéndose ahora, que el derecho de familia no es solo de interés del ámbito privado sino también público.
Esta afirmación, permite no sólo al Estado en cumplimiento de su rol tuitivo y regulador, sino que un tercero se preocupe en garantizar y velar el bienestar de los integrantes de la familia, más aún cuando la integridad y vida de estos se encuentran en peligro.
Pero existen ciertos vacíos de preocupación en los problemas de las relaciones familias por parte de la sociedad, trayendo consigo consecuencias irreparables. Dejando secuelas y forjando un sin fin de anomalías para su fortalecimiento y persistencia de su esencia como elemento fundamental. Motivado por la falta de eficacia de las medidas o mecanismos de tutela que permiten resarcir o restituir la armonía de cada integrante.
Aún con nueva ley en mano para la erradicación, prevención y sanción todo tipo de violencia tanto contra la mujer y los integrantes del grupo familiar, existen ciertas deficiencias para su cumplimiento. Tal como es el caso de la falta de capacitación y de recurso humano no solo al cuerpo policial, sino también a los jueces, especialistas del equipo multidisciplinario del poder judicial y funcionarios de los ministerios intervinientes para que puedan darse abasto en el plazo establecido de 72 horas, sumándole a esto, la escases del recurso económico destinado. Lo cual deja claro que a nuestro legislador le importa más dictar leyes en cantidad que de calidad.
Queda claro, que no solo es trabajo del Estado proteger a la familia y sus integrantes, sino también a la sociedad. La integración del individuo a la sociedad comienza desde la familia, siendo esta la primera relación o contacto con otros individuos, despertando intereses en común e identificación en ciertos grupos sociales, compenetrando el desarrollo de la persona. Por lo que la indiferencia de cada uno y una de nosotras hacia los sucesos de robos, violaciones, maltratos, suicidios que se viven hoy, contribuyen solo a la manifestación del sentir a través de los medios de comunicación y redes sociales, mas no de responsabilidad o deber moral a través de campañas o programas sociales para sensibilizar y tomar conciencia que los problemas afectan a la sociedad.
De esta manera, como es de saberse del penoso momento vivido la tarde del lunes 30 de mayo, nos demuestra que la indiferencia y la poca importancia que prestamos a las personas que nos rodean, afectan su autoestima y alimentan a la enfermedad de la depresión que en muchas ocasiones pasa desapercibida pero termina en una muerte anunciada.