Punto de Encuentro

La comunicación en las relaciones familiares

La comunicación como elemento esencial para la transmisión de la información, que tiene como consecuencia la alteración del estado de conocimiento del receptor, se emplea como una herramienta de supervivencia y de progreso a lo largo de la evolución del hombre en la sociedad.

Desde la edad gestacional nos encontramos comunicados con el mundo exterior, desde las voces de arrullo, caricias hasta melodías o sonidos que se vuelven parte de nuestra vida. Por lo que se puede establecer que la primera comunicación es entre la madre y el niño o la niña, creando lazos de confianza y respeto en el seno familiar.

La familia como principal fuente de enseñanza de la infancia, tiene como actores principales a los padres, quienes desempeñan su responsabilidad en la enseñanza de valores a sus hijos a través de la comunicación verbal o gestual contribuyendo con su desarrollo personal (carácter, personalidad, gustos, opiniones, etc.).  Lo que permite construir un espacio comunicativo entre los padres y sus hijos con los distintos modelos comunicativos existentes.

La comunicación vertical, es decir jerarquizada en el que el niño o la niña desarrolla un rol receptivo, lo que genera en ellos una actitud pasiva hasta cierto punto temerosa, encontrándose en un plano de subordinación como objeto-propiedad y no padre e hijo. Es por ello que, reconocer las generaciones es decir la edad y el grado de madurez de cada hijo es importante, porque permite una comunicación horizontal, donde los padres no solo son emisores del mensaje sino también receptores, debido a que existe una relación de intercambio entre las opiniones, ideas, pensamientos de ambos.

Este modelo comunicativo, que busca el acercamiento entre los padres e hijos para un mejor desarrollo de la personalidad, la enseñanza de los valores, del bien y del mal permite una identificación de estos con el grupo familiar, sintiéndose no solo bien consigo mismo sino con los demás integrantes a través del fortalecimiento de los lazos familiares.

Por lo que se sugiere a los padres, es que el ambiente familiar tenga un clima emocional estable de expresión y comprensión, que permita con toda seguridad al niño poder exteriorizar sus sentimientos o estados de ánimos sin el miedo a que este sea reprimido, ignorado o sea burla de los demás. Asimismo, entender que los hijos son individuos los cuales tienen características propias, con derecho a ser diferentes y ser respetados por ello.

Dentro de la comunicación, existen dos prácticas que se deben tener en cuenta las cuales derivan de la comunicación vertical (informar) y la comunicación horizontal (dialogar). Por lo que, el dialogar es la práctica más favorable y recomendada por diferentes autores (López Lorca, Fernández Millán y Buela Casal), que desarrolla la interacción de ambas partes al compartir conocimientos, opiniones, ideas, gustos, sentimientos y afectos. Para ello, los padres deben considerar la edad, capacidades y aptitudes de los hijos para la distribución de tareas y responsabilidades, pero no solo basta con asignarlas sino explicar cómo se debe hacer y también explicar el motivo de que porqué han decidido como padres que su hijo realice dicha tarea.

Asimismo, escuchar y respetar las opiniones de los hijos para su valoración y hacerlos sentir como parte del grupo familiar, para que puedan expresarse con autenticidad ante cualquier situación. La comunicación gestual (posturas, afectos, caricias, gestos, lenguaje no verbal), también es importante para el aprendizaje de los y las niñas, porque estimula el desarrollo de la etapa lingüística.

Sin embargo, la práctica de comunicación horizontal puede verse afectada cuando existe una percepción diferencial de los estatus de los interlocutores, por lo que se sugiere a los padres que tienen que escuchar lo que sus hijos dicen y no como ellos lo quieren escuchar. La importancia de escuchar (sin interrumpir) y observar las conductas o gestos al momento de la comunicación, entender el sentimiento o la situación la cual están atravesando, facilitara brindarles el apoyo, la ayuda adecuada, y evitar sentimiento de miedo o culpa ante la amenaza de cómo va reaccionar uno.

Para ello, recordemos que es fundamental que se tome en cuenta el tiempo y el espacio (lugar, ambiente) en el que se desarrollará la comunicación entre el niño y los padres. Siempre se recomienda que sea en una ambiente tranquilo, familiar y donde el niño se sienta seguro de poder expresar lo que quiere decir.

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