Lady's Night?
“Miguel Ángel nuestra hija Blanca Lucía me ha pedido una noche para estar con ella, hoy sábado, una salida solo entre mamá e hija. Iremos a ver juntas una película y luego a tomar un heladito por ahí... Así que prohibido los hombres el día de hoy. Si quieres te lo llevas al Rodrigo al parque o a dar una vuelta entre papá e hijo .Serán 4 horas a lo mucho” - Decretaba mi esposa Noelia, intempestivamente, en medio de una excelente película que veíamos en la sala del departamento, directamente, sin preguntarme nada. En el espejo sutil de su mirada, sus dos iris me decían a gritos: “¡Perdiste Cholito, te madrugué, acepta caballero nomás, ji ji ji!”.
“¡Carajo! Rodrigo tiene 4 años, no para de correr por todos lados, se quiere cruzar la pista, realiza volantines y piruetas más increíbles que la de esos acróbatas callejeros en los semáforos cuando hay luz roja. Hay que tener mil ojos para cuidarlo y yo solo quiero avanzar algo del trabajo de la oficina hoy sábado en puta paz. Carajo, Carajo e infinitos putos Carajoooooooos!!!!!” – Pensé en mis interiores en un microsegundo.
A lo que atiné solo a contestarle:
“Está bien Amorcito yo estaré con Rodrigo, vayan tranquilas”
Siendo las 6 pm de ese sábado decidí llevarme a mi pequeño hijo desde Surco a la Residencial San Felipe en Jesús María. Ya en el trayecto en mi auto, por la Javier Prado, atrapado entre la infinita inmensidad de carros y combis, recordaba los escupitajos rápidos del cobrador de la combi cuando yo en los 90 iba a la universidad a estudiar. Recordaba cuando este personaje te tocaba el hombro con agresividad diciéndote:“¡Pasaje, pasaje.. Paga tu pasaje pee...!!”. Y si tú le reclamabas te decía: “¡Delicadita eres huevón, Lleva, lleva, Al fondo hay sitio!!!"
Di gracias en mi interior. Ahora me doy cuenta que el cobrador me enseñó. No para repetir lo mismo. Entendí, luego de un largo proceso personal que el cobrador me enseñó a comprender al prójimo. Un gran desafío creo, para la humanidad entera. Me di cuenta de esta especie de revelación, cuando llegué a San Felipe. Una obra gestada por el Presidente - Arquitecto Fernando Belaunde Terry entre 1963-1969. Y diseñada en su principio por el genial y laureado Arquitecto peruano Enrique Ciriani, siendo seguida por más genios de la Arquitectura peruana. Mi hijo y yo estábamos felices. Parques gigantescos, árboles enormes, ardillas jugueteando. Gente nuestra, tranquila y educada. Jóvenes tocando la guitarra en medio de la naturaleza. Una película para niños proyectada al aire libre en una de las bellas plazas del conjunto. Edificios bucólicos de ensueño de muy buena altura, con una cafetería de fábula en su esquina, íntima y a media luz. Nadie estaba “suspicaz y paranoico” mirando alrededor previniendo un posible robo. Me sentía en otro país. Como arquitecto que soy me dije: "Esto quiero para mi Perú". No copiar el edificio y parques exactos como los de Ciriani . Me refiero a que todo el Perú de acuerdo a su geografía clima y costumbres tenga este equilibrio de vida. No perfecto, pues nada lo es, sin embargo digno.
"Arquitectos hay mucho por hacer" - Me dije, pues en un futuro cuando mi hijo Rodrigo se suba al transporte público peruano preveo que el cobrador ya no viva jamás en alguna invasión en pleno arenal, sin agua ni luz , sintiendo que lo único que le pueda devolver a nuestra sociedad sea un “escupitajo amargo”, una botella de plástico tirada en la calle o el desquitarse con cualquiera que el considere que tuvo oportunidades que el no tuvo. Peruanos:¡ Adelante, Adelante y Adelante!
Arquitecto Ecológico: Miguel Ángel Romero Maldonado.