Punto de Encuentro

ANALIZANDO CON BISTURÍ EN MANO

Cuando ciclo a ciclo preguntaba a misalumnos cuántos de ellos estaban inscritos en algún partido político, la respuesta siempre era la misma, solo uno o a lo sumo dos afirmaban pertenecer a alguno, el resto abrumadoramente decía que no y juraban que no lo serían nunca.

Por la obviedad, quizás sea ocioso mencionar las razones de este rechazo, sin embargo, éstas no giran exclusivamente entorno al descrédito partidista y la crisis del sistema del que forman parte, las razones son en mi parecer otras y de diversa naturaleza.

Las organizaciones políticas, bien por evolución o involución, no son lo que eran antaño y pese a que el sistema les obliga a tenerlos, los partidos no necesitan a los afiliados. Si nos ceñimos a la antigua concepción partidista que los definía como un conglomerado de ciudadanos reunidos bajo un interés común (Duverger, Weber), pareciera que en el Perú los partidos políticos son una especie en vías de extinción. Los partidos, hoy en día, suplen esta exigencia a través de acciones de reclutamiento distintas, por ejemplo, universidades, empresas e iglesias son utilizados con frecuencia como medios eficaces para ello.

Antaño la fuerza de los partidos radicaba en sus ideologizados afiliados, contrariamente hoy en día un partido no es más fuerte por tener más afiliados, los partidos políticos que estuvieron en el último balotaje, Fuerza Popular y Peruanos por el Kambio, son dos de los que cuentan con el menor número de partidarios.

Cuando con bisturí en mano revisamos nuestra ley, advertimos que en pleno siglo XXI durante el proceso germinativo de un partido,aún se les exige cifras elevadas de firmas y militantes, los cuales en opinión de cierto sector doctrinario (Meléndez, Tanaka) pertenecen a un contexto fundacional cuasi obsoleto y hay quienes señalan  que en la práctica ello no representa nada (Tuesta), es más, no falta quien afirma que toda clase de exigencias legales solo sirven para darles apariencia de partidos porque en realidad no lo son.

Estas consideraciones decantan en una necesidad de reforma electoral, repetida desde esta columna hasta el hartazgo, la misma que no será eficiente si no tenemos claro que es lo que queremos reformar y menos si no nos centramos en los aspectos medulares de la misma, donde la definición de un partido político y su ligazón con los militantes resulta siendo un aspecto de primer orden. Dejo el debate abierto.

 

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