Punto de Encuentro

#10YearChallenge de la minería moderna en el Perú

Hace diez años atrás, en el 2009, no existía lo que hoy se denomina el Corredor Minero del Sur, esa zona geográfica que agrupa varias regiones del sur peruano en la que se ubican algunos de las más grandes unidades mineras cupríferas del país. Las Bambas estaba en fase de estudios de factibilidad, Antapapaccay igual y otras ubicadas ahora allí estaban en exploración. 
Hace diez años atrás, Apurímac era –probablemente- una de las regiones más pobres del país con alrededor del 70% de su población. De cada 10 apurimeños 7 eran pobres. Hoy la pobreza se redujo a casi la mitad -36%- ¿Qué produjo un milagro como ese? Pues las inversiones mineras que jalaron a los demás sectores productivos y movieron la medrada economía apurimeña. ¿Pueden negar semejante milagro? En absoluto. ¡Y solo pasó una década atrás!
Desde el 2009 al 2019 la suma por canon minero suma alrededor de 31 mil millones de soles, casi dos veces más que la suma entre 1999-2009 (13 mil millones) Es decir: en 10 años el canon minero se duplicó y con este presupuesto se pudo distribuir la renta minera. 
En el 2009, la minera Río Blanco (ex Majaz) desiste por completo de presentar su Estudio de Impacto ambiental semidetallado de su proyecto minero en el Alto Piura. ¿El motivo? Con aprobación o no, existía una férrea oposición que impediría la ejecución del proyecto. ¿Qué sucede ahora en el Alto Piura? Hoy, como ocurre donde iba a ejecutarse el proyecto Manhatan (también en Piura), la minería ilegal e informal se han apoderado por completo de la zona. ¿Dónde está la oposición?
En enero del 2009 los conflictos socio ambientales sumaban alrededor de 211. El último reporte de conflictividad de la Defensoría del Pueblo indica que los conflictos en diciembre pasado serían alrededor de 181. ¿Qué significa aquello? Que el Estado aún no ha terminado de construir y desarrollar un sistema de prevención y atención eficiente y oportuno de los conflictos sociales. No obstante, los vaticinios de aquellos que sostenía que los conflictos sociales alrededor de la minería se agudizarían se  han hecho humo.
En una columna pasada Max Schwarz señala que actualmente existen “1.672 compañías con aportes significativos, de las cuales 15 pertenecen a la gran minería, 315 a la mediana minería y 1.342 a la pequeña minería y minería artesanal”. Aún así, la minería solo consume el 1.5% del agua y el 1.34% del territorio es utilizado para operaciones mineras. Esa cifra no ha cambiado luego de 10 años. En una década no ha desaparecido ni el agua para consumo ni todo el territorio del Perú se ha concesionado o utilizado, como los voceros de las fatalidades vaticinaban. Es más, con la innovación de tecnología en la producción minera la utilización del agua disminuirá.
Todo este logro ha sido posible con el concurso de los empresarios y trabajadores de la minería moderna. No obstante, quizá luego de 10 años, lo que podemos decir es que la minería moderna ha triunfado a pesar de la resistencia de un sector de peruanos que ideologizaron (al extremo) el debate y se olvidaron que la minería es el gran motor antipobreza del país y de aquella máxima marxista que el progreso depende del desarrollo de las fuerzas productivas.