Punto de Encuentro

¿Reforma electoral o busco una silla?

Es fácil hacer un diagnóstico descriptivo sobre las externalidades que nos rodean y enlistar con claridad cuáles son las caras visibles de los males que aquejan al sistema de partidos peruano: partidos débiles, partidos que se comportan como simples maquinarias electorales, líderes caudillistas, partidos con fuentes de financiamiento poco claras, ineficaz sistema de rendición de cuentas, fantasmales procesos de democracia interna, etc.

No obstate, esta facilidad no es tal al momento de establecer los mecanismos que permitan su reversión,  situación que se agrava si advertimos que quienes tienen en su mano la posibilidad de dictar las medidas correctivas son los parlamentarios, quienes han demostrado su falta de voluntad para aprobar los cambios integrales pese a que los organismos electorales, la prensa especializada, la ciudadanía e incluso el ejecutivo, han cerrado filas demandando la reforma electoral.

Desde la sede congresal sistemáticamente se han neutralizado todos los intentos por aprobar reformas integrales, las cuales nunca no son bien vistas. Más bien las preferencias de quienes nos representan se inclinan por aprobar temas puntuales y poco significativos. La historia reciente nos revela que han quedado sobre el escritorio congresal muchas iniciativas integrales tales como el proyecto de Código Electoral presentado por el Jurado Nacional de Elecciones, el Plan 32 presentado por la Asociación Civil Transparencia, el proyecto preparado por la propia comisión del Congreso presidida por la Congresista Donayre en el primer año de la actual gestión parlamentaria, entre otros.

Como ya dijimos, nuestros parlamentarios se decantan por atender temas puntuales mal llamados reformas, que no son más que un toque cosmético de bajo impacto y limitada incidencia en nuestro sistema. Entre estas normas destacamos modificaciones a los formatos de las hojas de vida de los candidatos, la oportunidad en que se pueden llevar a cabo los procesos vacancia de autoridades, la creación de una Ventanilla Única para fines electorales (cuya poca utilidad ha quedado demostrada), la uniformización del cronograma electoral, etc. normas de relativa importancia que no inciden en los males antes señalados, lo que nos lleva a pensar que la voluntad congresal persigue en realidad en navegar en sentido contrario, es decir, rumbo a una contrarreforma.

Debe destacarse además, que se ha aprobado un conjunto de normas que podríamos denominar “a la medida” y cuyo objeto no es otro que favorecer a los partidos políticos inscritos, entre estas normas, se elevó el número de adherencias para la inscripción de partidos, a los partidos inscritos se les permitió no participar en una elección y conservar su inscripción, se eliminó la posibilidad releccionista de las autoridades locales bajo la poco creíble premisa que la reelección es sinónimo de corrupción, etc.

Bajo estos antecedentes, no podríamos ser optimistas respecto de las propuestas que la comisión Tuesta ha presentado recientemente al Ejecutivo, por tanto, pese a que la esperanza es lo último que se pierde, no estaría de más, con los actuales parlamentarios, busquemos una silla cómoda y esperemos el ansiado paquete normativo reformista.