Cuando María conoció a Miguel, el novio de su hija, no imaginó el daño que produciría este sujeto en su vida. Temerosa a contrariar los deseos de su hija mayor, evitó meterse en su relación con este chico que nunca le dio buena espina.
Por eso María guardó silencio cuando Miguel insultó por primera vez a su hija, cuando le gritó en la calle, cuando le vio el primer moretón. “Así es la vida de una mujer, hijita”. “Es lo que nos tocó”. “Así son todos los hombres, sólo queda no enojarlos”.
Y al escuchar estas frases que nos parecen inauditas, pero reales, nos damos cuenta de que en nuestro país las mujeres no estamos en la misma posición de igualdad que los hombres, al menos en sectores rurales o de escasos recursos económicos. Y no me digan que esto no es cierto, porque esta historia es real.
María ya no goza de la presencia de su hija, porque un día Miguel la mató, no dudó en descargar toda su furia, y ante el silencio de todos se le permitió actuar de la manera más terrible.
Perú es el segundo país en casos de feminicidio en Latinoamérica. El año pasado, 85 mujeres fallecieron a manos de un hombre. Colombia se encuentra en primer lugar con 89. Estas cifras son alarmantes, teniendo en cuenta que el Código Penal ha modificado e incrementado las sanciones que llegan hasta la cadena perpetua, para evitar este tipo de conductas.
Dejemos de ser cómplices, dejemos de callar las agresiones que tenemos más palpables, aunque sea el grito de un depravado en la calle, solo de esa manera podremos estar salvando a alguien.
@Carmendelly