Punto de Encuentro

El año del plagio

¿Qué tienen en común el cardenal de Lima, un partido político de larga tradición en el Perú, la Municipalidad Metropolitana de Lima y un Juez de la Corte Suprema de Justicia de la República? Como católico cristiano, peruano, residente limeño y abogado, me gustaría decir algo bueno de estas personas e instituciones; sin embargo, los hechos son contundentes y no podemos dejar pasar las graves equivocaciones que todos ellos han cometido. Todos tienen en común la comisión de plagio en el último año.

La historia de plagios en este año, comenzó con el descubrimiento al cardenal Juan Luis Cipriani, quien redactó una columna para el diario El Comercio, titulada “Sentido primaveral de nuestra historia”, la cual copiaba fragmentos enteros del libro “Communio” del papa Josep Ratzinger, Benedicto XVI, sin citar fuentes ni autoría, lo cual fue descubierto en el portal web Utero.pe. Posteriormente, se encontró un plagio adicional en otra columna, donde se había copiado la Encíclica Ecclesiam Suam, del fallecido papa Pablo VI. Esto generó una batalla en Internet y Redes sociales: por un lado, un bando que apoyaba a Cipriani apeló al argumento de que los documentos escritos por religiosos interpretando la palabra de Dios no tenían copyright, argumento que fue recogido en carta del mismo cardenal en el mismo diario donde apareció la columna infractora; mientras que, por otro lado, otro grupo señalaba que el plagio está regulado en la Ley de Derecho de Autor que es de aplicación a todos por igual y, por tanto, se habría cometido un plagio que debía ser sancionado. El tema acabo con una columna del diario El Comercio señalando que no publicarían más artículos del cardenal debido a que incumplió con las normas sobre derechos de autor.

Luego, en redes sociales comenzó a comentarse otro supuesto plagio; sin embargo, ahora involucraba la imagen de una maqueta de diseño de un edificio. Esta vez los implicados eran la Municipalidad  Metropolitana de Lima, la consultora C.V. Project SAC y los comerciantes de “El Hueco”. En este caso, se reveló, con motivo de la renovación del local comercial del campo ferial “El Hueco”, una imagen copiada de un centro comercial colombiano denominado “El Cacique” en Bucaramanga, Colombia. Se presentó esta imagen como la nueva infraestructura a aplicar en este proyecto, sin citar el proyecto colombiano. En efecto, nuevamente, las imágenes eran copiadas y alteradas, solo en lo mínimo, para presentarse como un nuevo y original espacio, cuando no eran ni nuevas ni originales; se sabe que Marval, empresa colombiana titular de los derechos de autor sobre esta obra arquitectónica, iba a tomar acciones legales al respecto.

Posteriormente, el diario Altavoz destapó plagios en torno al “plan bicentenario: 2016-2021” presentado por el Partido Aprista Peruano; entre el conjunto de documentos copiados y pegados se encuentran documentos del Ministerio de Cultura, un programa de gobierno de México, el plan estratégico del Ministerio de Energía y Minas, así como una noticia del diario Peru21 y textos de Naciones Unidas. Si bien la Ley de Derecho de Autor señala que documentos oficiales del Estado no cuentan con protección por el régimen de derechos de autor, igual siempre se debe consignar la fuente de donde se ha tomado el texto, especialmente si este va a ser copiado textualmente. De esta manera, aquí tenemos a unos de los más antiguos partidos políticos peruanos cometiendo una infracción a los derechos de autor.

Finalmente, para terminar un año cargado de acciones delictivas contra los derechos de autor. Tenemos el caso de la Sentencia expedida en el VII Pleno Casatorio en materia Civil por parte del Juez Supremo Enrique Mendoza Ramírez, quien en el texto ha copiado y pegado el razonamiento jurídico realizado por el profesor y abogado Gunther Gonzales textualmente. Si ya nos parecía bastante grave que el máximo representante de la Iglesia Católica en el Perú o la mayor municipalidad a nivel nacional realice plagios, el año terminó con algo más irónico todavía: un Juez Supremo, miembro del máximo órgano de justicia del Poder Judicial, copiando textos para una Sentencia de distribución nacional que será leída por todos los magistrados y abogados a nivel nacional. Realmente paradójico.

No es fácil observar la coyuntura anual que ha tenido la figura del plagio en nuestro país, en especial para un joven abogado de propiedad intelectual en Perú. Es importante recordar que esta figura es un delito tipificado en el Código Penal; en este sentido, debe quedar en claro que –por más que figuras públicas hayan cometido este delito y estén saliendo impunes por distintas circunstancias, lo cual no debería ser así– el plagio es una conducta ilícita y, sobre todo, una muestra de la propia incapacidad. Si analizamos un poco la situación, la capacidad de creación del ser humano está presente en todos los ciudadanos peruanos y lo único que nos impide escribir o expresar las ideas que tenemos en la cabeza con nuestras propias palabras es la pereza, esa indolencia que debería desaparecer de nosotros si queremos ser un mejor país.

Existen lindas frases en nuestra constitución, las cuales penosamente no utilizamos y muchas veces, ni leemos. Uno de los preceptos constitucionales por los que tanto lucharon nuestros antepasados es el siguiente: “toda persona tiene derecho a (…) la libertad de creación intelectual, artística, técnica y científica, así como a la propiedad sobre dichas creaciones y a su producto” (inciso 8 del artículo 2 de la Constitución Política del Perú). Cada vez que alguien comete un plagio, le clava un puñal a un compatriota que si puso su esfuerzo en trabajar una idea y plasmarla en un texto o, finalmente, le roba a su hermano latinoamericano o extranjero su obra, que con tanto esfuerzo logró, sin darle ninguna compensación y, por si fuera poco, robándole también lo más digno que tiene: la paternidad sobre su obra.

Una reflexión final nos debería traer saber que el plagio tiene dos formas: el burdo y el inteligente. Todos los ejemplos relatados han sido de plagios burdos, fáciles de detectar con un software o a simple vista; sin embargo, se sabe que la detección de plagio inteligente es mucho más complicada porque se necesitaría tiempo, lectura, interpretación y esfuerzo para detectarse. Con esto en mente, imagínense la cantidad de plagios inteligentes o encubiertos que debe existir en el Perú… Y por consiguiente la cantidad de ladrones intelectuales que existen por ahí, en consecuencia. Dicen, con mucho orgullo, por ahí que los peruanos somos muy creativos, pues deberíamos serlo en todo, incluso en la producción de obras y desarrollo de ideas con nuestras propias palabras, con más razón.

NOTICIAS MAS LEIDAS