Punto de Encuentro

La desconfianza

24 Febrero, 2015

Hugo Guerra

El último estudio de opinión nacional – urbano de GFK ratifica lo que ya sabemos: la desconfianza del pueblo es creciente respecto de Ollanta Humala y Nadine Heredia por su incapacidad gubernamental y las dudas sobre su comportamiento ético.

 Veamos algunos porcentajes elocuentes: Solo 21% aprueba la forma como el presidente conduce el Ejecutivo. 75% cree que no tiene un plan para el desarrollo nacional. 65% no cree que esté en capacidad para realizar una reforma o adoptar una medida importante en lo que le resta de mandato. Mientras tanto, 74% desaprueba la conducta política de la esposa del presidente, solo 30% aprueba la conducción del Gabinete por parte de Ana Jara y 55% tiene expectativas negativas sobre el llamado diálogo nacional.

 Este conjunto de indicadores no pueden ser entendidos como una simple fotografía del momento, sino que reflejan una desconfianza ya estructural en un régimen carente de ideología, sin partido, sin operadores políticos respetables, sin programas claros, con ausencia de planes sectoriales estables, con falta total de liderazgo (más allá de la agresividad verbal de Humala y sus cancerberos) y gravemente afectado por sombras de ética y moral política por varios casos graves: los indicios de financiamiento chavista el 2006, las negociaciones no esclarecidas de su hermano en Rusia antes de la toma de mando presidencial el 2011, los vínculos con López Meneses, los negocios con Martín Belaunde Lossio, los ingresos de fuente imprecisa de la señora Heredia, las adquisiciones inmobiliarias de la madre de la primera dama, las ‘donaciones’ de los mineros ilegales al partido oficialista, la falta de registros correctos del financiamiento de la campaña del 2011, etc.

A eso se suma la ineptitud en el manejo económico de un Estado que, pese a haber estado en tendencia desarrollista y creciente hasta el 2011, en el último año ha caído a un pobrísimo incremento de su PBI en solo 2.3%; algo que no puede explicarse únicamente por las turbulencias internacionales porque hoy el problema de nuestra economía ya no es solo cíclico sino que progresivamente se está convirtiendo en estructural.

Si a todo lo anterior se añade que no existe ánimo de enmienda porque el último cambio no es una corrección del Gabinete ministerial sino un simple parche, entonces la desconfianza ciudadana es explicable y lógica.

Esa desconfianza también alcanza a los inversionistas de manera precisa: según el BCR la  inversión minera descendió en 11.1% el 2014, en tanto el volumen de las importaciones de bienes de capital disminuyó en 5.4% y el sector construcción se desaceleró pasando de 8.9% en 2013 a 1.7% en el último ejercicio.

Todo eso se traducirá, desgraciadamente, en dos graves problemas el último año del gobierno humalista: empobrecimiento de una clase media ya bastante precaria, aumento de las tensiones sociales e inestabilidad política.

 Frente a eso, y ad portas de un proceso electoral muy complejo es indispensable cautelar la institucionalidad democrática que con cada denuncia sobre corrupción oficial se torna más frágil, al tiempo de trabajar en la construcción de un gran frente republicano que pueda convertirse en alternativa racional de gobierno.

Mientras la propaganda oficial se desgañita tratando de sostener un imaginario ‘milagro peruano’, el país se está fracturando gravemente. Por eso la urgencia de concertar entre fuerzas y personalidades democráticas hasta construir una opción viable, justa y confiable para el pueblo peruano.

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