Punto de Encuentro

Re-Forma electoral o de la carroza de Cenicienta

La reforma electoral es una urgencia que no puede dejarse para resolver a último momento. Se vienen las elecciones de 2018 y con la actual legislación es inviable enfrentar un proceso de tachas e impugnaciones que puede alcanzar dimensiones colosales. En este sentido la labor inmediata del entrante Congreso debe abocarse a solucionar la viabilidad del proceso en función del propio proceso y del fortalecimiento de la institucionalidad democrática.

Hay tres puntos clave a discutir en principio:

1) La reelección a cargos de elección popular con o sin límites — me inclino por primera—

2) El sistema de depuración de candidaturas con plazos ampliados y coherentes con el fragor de una campaña electoral

3) La cristalización partidaria en términos financieros y funcionales.

El primer punto debe discutirse a brevedad. Las gestiones funcionales en el sistema no deben coartarse a sólo 1 periodo, más entendiendo la debilidad partidaria existente y la preeminencia de los liderazgos personalistas. No quiere decir esto que debamos condenarnos a los mismos actores por tiempos interminables, pero no podemos pretender que para eliminar la maleza haya que cementar la tierra. Hay que ir paso a paso o las improvisaciones estarán a la orden del día. Debe crearse el caldo de cultivo de recambios y, en mi opinión, también poner coto a las pretensiones de eternalización.

El segundo punto deriva de los sistemas de tachas e impugnaciones que deben revisarse. El papel protagónico, por default, del JNE en la pasada elección no debe repetirse porque enrarece el espíritu de la contienda. Los pactos éticos deben suscribirse a la normativa y trascender a las meras declaraciones nominales, su violación debe tener un proceso único y claro que se mantenga hasta el final, pero circunscrito a los tiempos de la elección y a las capacidades funcionales del sistema electoral. Para ello la reglamentación y difusión es clave, así como la propia capacitación de los partidos. El Congreso actual no puede repetir el absurdo de promulgar una norma en pleno proceso electoral, el tiempo es ahora.

Tercer punto, más allá de la preparación de las candidaturas y de los equipos de partido en términos normativos, es la ley sobre el financiamiento privado a los partidos políticos. Ésta es materia de urgente aprobación buscando el equilibrio de participación de fondos públicos que garanticen autonomía sin dar ventajas a las redes que pululan en los gobiernos; todo un reto. No menos relevante es el saneamiento en términos de democracia interna, militancia efectiva y/o presencia regional o nacional; se requiere una pesquisa digna de "cazafantasmas" que mitiguen la mercantilización de las voluntades soberanas.

Finalmente, los partidos no pueden ser sólo carrozas electorales que desfilen cada tanto para trasladar a la nueva Cenicienta para que conozca al Príncipe Azul y haga su sueño realidad; o que luego desaparezcan dejando zapatillas de decepciones populares... no se puede proseguir con la política de cuentos infantiles para dormirnos en la deslegitimación de la propia existencia del Estado.  Una cosa es el realpolitik y otra muy distinta el despolitizar a la política, lo que finalmente nos lleva a la pre-política, por definición, anómica.

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