Punto de Encuentro

Breve idea sobre el partido más humilde del Perú

El frente único fue la más audaz forma de componer una plataforma social de lucha, y su tesis, sobre el espacio-tiempo-histórico, la más elaborada y provocadora de sus excentricidades. En el primero intuyo que si lograba incluir a las clases medias describiría mejor los límites de la reivindicación en Latinoamérica y cual alfarero “inventar agenda y alma a la vanguardia de toda una generación política”. Del segundo, las condiciones en las que el hombre interactuaba con el medio circundante, aceleradas o lentas, desarrollarían su propia y particular cronometría, y con ello, su propio derrotero cultural. Lo andino mostraría por su aislamiento natural una destreza descriptiva en este singular marco conceptual.

Para organizar una revolución social necesitaba de un instrumento y para ese fin creó al partido. Reconoció en el anarco sindicalismo y sus leales elementos los insumos de rebeldía y libertad que necesitaba para moldear el carácter de su organización y en los estudiantes, la lozanía moral del inicio de una gran obra, acompañado de ellos elevaría la temperatura de la política nacional en esa extrema primera etapa auroral.

Contabilizo miles de muertos el doloroso 32’y no salió una sola letra de revancha en 47 años contra la fuerza armada o alguno de sus miembros. Fue humilde en el 45’ al pedir fundamentalmente legalidad para su partido -él, jefe de un ejército político se desprendía de protagonismo alguno- y entregaba en bandeja la victoria a Bustamante y sus amiguitos abogados. Fue humilde el 62’ porque tras reconocerse ganador debe renunciar a su legítima aspiración debido a que su victoria electoral configuraba un indetenible golpe de estado “a sus casi ya 70 años”.

Su fraternidad partidaria emergió del dolor de la mazmorra del panóptico, de la lobera tuberculosa del frontón, donde hombres -antes libres- cumplían condena por sus ideas y diáfana convicción democrática. Esta idea era un código en el alma; era amistad, era hermandad humana, elevada a una dimensión mayor, donde la solidaridad entre iguales auto reconocidos en la desgracia del encierro, los volvía espiritualmente inseparables. Fecha conmemorativa posteriormente recuperada del amor y que es utilizada para “proponerle diálogo y paz al Perú para siempre”.

Es Haya de la Torre, desde la política, el hombre más puro y vital que ha dado el Perú en casi 200 años de historia, y su partido, vigente aún, depositario de su humildad y también de su determinación. Así fue, así es, y así será.

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