Los perjuicios que han sufrido nuestras ciudades han dejado fuera de juego a nuestros gobiernos y lo poco o nada que podían tener preparado en temas de prevención y contingencia ante desastres naturales.
En Lima, muros de contención son rebasados por las aguas del Río Rímac, los puentes se debilitan y otros caen-o se desploman. Las autoridades manifiestan una participación intermitente y casi desapercibida. Los municipios han subestimado la fuerza de la naturaleza y las autoridades la capacidad de reacción crítica de las personas. La actual gestión municipal en la comuna limeña, no priorizó los programas de prevención y planificación en caso de desastres naturales. No es algo que dé réditos políticos dentro de la lógica pragmática insostenible. Echaron a su suerte la vigencia de su capital electoral e hicieron más vulnerables a la ciudad y sus habitantes.
La situación amerita una respuesta mínimamente coherente y razonable de parte de las autoridades a los problemas. La inacción o mala respuesta de los gobiernos ante situaciones adversas como estas, debilita la relación entre los representantes y sus representados. Las respuestas no han sido las esperadas y han dejado notar la poca capacidad de articulación en coherencia y conocimiento que tiene nuestro alcalde-además de otros miembros de su administración municipal- ante situaciones difíciles como estas.
Para contraponerse a su predecesora en la MML, Luis Castañeda Lossio ha visto por conveniente reforzar e impulsar su política de gobierno: las obras. Estas obras muchas de ellas, innecesarias y apresuradas para una Lima que más allá de embellecerse, necesita brindar oportunidades para mejorar la calidad de vida de sus habitantes y un crecimiento integral.
En el intento de superar la necesidad de aprobación y de alejar el silencio que lo caracteriza ante estas situaciones, esperando dar respuestas deseadas, nuestra autoridad edil pone en escena uno de los roles políticos más recurrentes en situaciones poco naturales: la actuación, la personificación del político redentor y confiado. Le fue mal.
Las demandas ciudadanas no exigen algo más que lo evidente, nuestra (des)confianza electoral se contrapone a nuestros problemas y necesidades.
Intentando superar lo hecho hasta el momento, buscando crecer en su aprobación, el desempeño que emprendería nuestro alcalde era fundamental para despegar su aprobación o que esta misma se desplome. Ocurrió lo último. Su endeble capacidad de respuesta lo traicionó.
Las últimas encuestas de GFK le dan un 62% de desaprobación a Luis Castañeda Lossio. ¿A qué se debe? ¿Qué puntos del Manual del buen gestor se obviaron? Nuestro alcalde es conocido por la cantidad de obras que ha hecho en la ciudad en las veces que ha sido alcalde. En la medida que estas obras perduren dando la satisfacción deseada en los ciudadanos, serán obras “buenas” y “justificadas”. Esta vez, por el contexto y evidencia escandalosa de irregularidades, le jugó en contra la etiqueta de hacedor eficiente.
En la necesidad de superarse así mismo, queriendo ser lo que nunca trabajó, Castañeda Lossio terminó por desaprobar el examen. Esto es lo más crítico de nuestra autoridad. Poco o nada se ha trabajado en temas de prevención ante desastres naturales y esto suele repetirse en otros asuntos que demanda nuestra ciudad, que poco o nada de atención y trabajo programático se les ha dado. Hizo su mejor esfuerzo por desaprobar.
La amplia diferencia de desaprobación entre un mes y otro (febrero: 50% - marzo: 62%) demuestra la fragilidad de la gestión amarilla dentro del sillón municipal. Esto permite demostrar que las respuestas de nuestras autoridades no han sido las más deseadas. Esta aparatosa crecida en el rechazo de los limeños hacia Castañeda, será recordada por haber empezado con la caída del Puente Solidaridad, a lo que muchas de las personas (75%) según GFK, atribuyen una mala construcción. La primera obra de ese tipo que realizaba la constructora AL&M.
Esta vez las acciones y obras de la MML hicieron que sean las molestias las que también queden. Cuando el silencio narra la historia, las justas voces de insatisfacción ciudadana dibujan la realidad de los contextos y desmoronan los frágiles liderazgos, esos tan efímeros, esos que se construyen en silencio y en él también desaparecen.
¿Es Castañeda Lossio el único alcalde que se encuentra en esta situación? ¿Qué hemos venido haciendo los ciudadanos por exigir que estos temas se trabajen programática y responsablemente a nivel nacional? ¿Está siendo buena la comunicación entre los gobiernos y sus representados? Resultan insuficientes las opiniones en cuanto se trate de proyección y aplicación de políticas públicas integrales, en todas las instancias del Estado, que faciliten el tratado óptimo y deseado de situaciones que también nos dejan políticamente devastados.