Punto de Encuentro

El mototaxi naranja

 

En diciembre del año pasado luego de la interpelación a Jaime Saavedra, entonces ministro de Educación, se filtraron algunos chats del grupo de WhatsApp de la Bancada Fujimorista. En él, los parlamentarios de Fuerza Popular hacían gala de su poder intrapartidario y celebraban la inminente interpelación a Saavedra. El contenido de las conversaciones son de conocimiento público, pero llamó la atención el particular nombre que este grupo tenía: Mototaxi.

Usamos el mototaxi para recorrer distancias cortas y con interés particular de llegar a nuestros destinos de otra manera que el transporte público no lo haría. Es un medio de transporte alternativo local. Movilizarse en él no ofrece ninguna garantía de seguridad. Los pasajeros no tienen de dónde estar sujetos durante el viaje más que del respaldar del asiento donde se ubica el mototaxista. Únicamente dependen de su capacidad y responsabilidad al conducir.

¿Por qué en Fuerza Popular se comparan con un mototaxi? Porque al igual de los riesgos a los que están expuestos los usuarios que deciden abordar estos medios de transporte, que van desde ser embestidos por vehículos particulares y pesados, tránsito indebido por avenidas no contempladas por su reglamento, entre otros; FP ha heredado un pasivo que lo estigmatiza y no le permite ser visto con autonomía y autenticidad bajo la conducción de sus nuevos líderes.

Fuerza Popular intenta tener vida orgánica y dinámica partidaria. El proyecto actual de Keiko Fujimori y sus leales, tiene como objetivo una mayor estabilidad e institucionalidad dentro del escenario político que le permita articular y dar apertura a los sectores de la sociedad que sostienen las bases de este nuevo cuerpo vertebrado, heredero aún del neopopulismo instaurado e impulsado por Alberto Fujimori.

La imagen de Fuerza Popular se sostiene por el desempeño de los rostros del partido dentro de los cargos de representación y no de uno centralizado y mediático como en los 90: Keiko corre la suerte de no estar en el momento y espacio en el que estuvo su padre queriendo adoptar un electorado fiel que no lo veía más allá en otro espacio que no sea la Presidencia de la República. En respuesta: esto le permitía no tener la necesidad y urgencia de construir una organización partidaria.

Fuerza Popular no termina de brindar la confianza para adherirse a la vida y organización partidaria basada sino en un encuentro de necesidad de hacer vida política por una cuestión de reivindicación y desafío a la hibridación del liderazgo basado en la relación padre- hija. Frágil como todo proyecto político moderno en sus inicios, a la vez tan sólido que ha podido arrebatar la clásica base social de la izquierda peruana y que goza de presencia medianamente activa y prolongada en casi todos los lugares del país. El fiel reflejo es su mayoría en el Congreso y su derrota por ajustadas cifras ante Peruanos Por el Kambio.

Teniendo como inicio de la caída del gobierno de Alberto Fujimori, el Autogolpe del 5 de abril de 1992, ¿Qué hemos aprendido los peruanos? ¿Viviremos eternizando marchas conmemorando el 5 de abril? ¿Qué sostiene la necesidad y consecuencia de mis acciones de defensa al orden democrático? ¿Nos bajamos de la combi de Humala? ¿Nos sentimos seguros en el PPKarro? ¿Queremos subirnos al mototaxi naranja? ¿Podemos fabricar un vehículo nuevo de y para todos los peruanos, más inclusivo que los anteriores?

Desde el espacio en el que más cómodos nos podamos sentir, hagamos del pluralismo político el mejor incentivo para construir una ciudadanía tolerante, diversa y fortalecida en sus instituciones de intermediación (partidos políticos) y de toma de decisiones (Estado). Aquella participación política responsable que permita desterrar toda idea de un gobierno con tintes autoritarios o lo más cercano a ello.

 

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