Punto de Encuentro

El perro del hortelano

Hace unas semanas, en medio de la fiebre por el fútbol y el sueño de ir a un mundial luego de 35 años, en la Comisión de Constitución del Congreso de la República, se abría paso algo inconcebible: se aprobaba la participación opcional de los órganos electorales en los procesos de democracia interna en los partidos políticos.

Esta medida es un cierra puertas a las propuestas de reforma electoral que plantean la necesidad de participación obligatoria y necesaria de las instituciones electorales en los procesos de democracia interna.

No se ha hecho cosa novedosa. Solo para recordar, las “elecciones internas” de Acción Popular con las acusaciones de Mesías Guevara, los detractores de las elecciones internas en el Frente Amplio para definir la candidatura presidencial entre Verónica Mendoza y Marco Arana.

Estos casos para ser los más recientes, pero no los  únicos que han presentado serias acusaciones en las formas de elección, la depuración de militantes, pactos previos, elección a dedo de los candidatos, entre otras movidas.

El problema más crítico que adolecen y que no logran diagnosticar los propios partidos políticos, es la crisis administrativa dentro de ellos. Esta crisis administrativa ha sido resultado de pugnas partidarias que se han escapado de las manos y trasciende mucho la importancia de la identidad ideológica- política de la militancia y en las cuales se ha ahondado en procesos formales o intentos de los mismos, para seguir el manual del trámite y cumplimiento de la democracia interna (ilusoria).

Lo que busca el asesoramiento irrenunciable de los organismos electorales a los partidos políticos en los procesos de elección interna, es justamente que estos últimos cuenten con un respaldo y legitimidad institucional que dan estas instituciones al participar en ellos. No hay mejor muestra para los ciudadanos, que la apertura de los partidos políticos al mismo Estado representado en sus organizaciones de asesoramiento electoral.

No queda pretexto alguno que se pueda fundamentar en la autonomía partidaria. Así como se busca recibir financiamiento estatal, deberían plantearse deberes que los partidos políticos estén dispuestos hacer por revertir la imagen ante los ciudadanos y por una mejora en sus dinámicas internas, cada una de ellas propias y entendidas desde la óptica del espacio partidario.

 

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