Punto de Encuentro

Probidad falaz

7 Septiembre, 2018

Julio Huayta

No cabe duda alguna que todo estamos de acuerdo con la sentencia de Karl Kraus- escritor austriaco- quien dijo que la corrupción es peor que la prostitución. La segunda pone en peligro la moral individual y la primera, la de todo el país. Ciertamente, la corrupción ha carcomido completamente todo foco de acción estatal. Por consiguiente, este sucinto artículo pretende, una vez más, abordar un tópico relacionado a un gobierno corrupto: La dictadura de Juan Velasco Alvarado (1968-1975), en aras a consolidar la idea de que este estropicio no es novedoso.

En principio, el 3 de octubre de 1968, tras un golpe de estado, efectuado por un grupo de militares de tendencia socialista, liderados por el general Juan Velasco Alvarado, fue derrocado el presidente Belaunde Terry. De esta manera, Velasco se convirtió en el presidente de facto en el Perú. Su gobierno –como era de esperar- estuvo marcado por un autoritarismo y nacionalismo sin parangón que, en vez de ser motivación para canalizar su ímpetu revolucionario a través de objetivos altruistas, resulto ser –usando un término de Gonzales Prada- el anchuroso palanque que nos envolvió en una serie de coyunturas de naturaleza corrupta.

Según Alfonso Quirós en Historia de la Corrupción en el Perú, los jefes del golpe militar tuvieron dos grandes            objetivos: enterrar para siempre las  evidencias de la participación de los militares y la intervención personal de Velasco en el escándalo del contrabando, y frustrar una vez más el acceso del Apra al poder. La consolidación de la facción Velasquista trajo consigo la eclosión de la «generación terremoto» de coroneles y generales, resueltos a implementar reformas estructurales drásticamente.

 En el mencionado gobierno se favorecieron a familiares, seguidores y amigos ideológicos. Además, es meritorio hacer hincapié en el “patronazgo” imperante que existió en dicho gobierno. Los asesores y periodistas izquierdistas conformaban una red de asociados. Asesores del propio presidente manipularon medios de información a su antojo. Implícitamente -según Quirós- probablemente haya habido contacto directo entre el gobierno y la KGB rusa, quienes aportaban con fuertes sumas de dinero de manera ilegal. Tiempo después, estos actos desleales se vieron fehacientemente comprobados cuando se expropiaron todos los medios de comunicación masiva en 1974.

En efecto, el vasto e indecoroso uso del poder trajo como secuela un incremento a gran escala de la corruptela. Normalmente, eran otorgados a los comandantes y mandos militares, ciertas prerrogativas; con las cuales se fomentaba la corrupción entre las fuerzas armadas y diversas instituciones de esta naturaleza. Una de aquellas prerrogativas implicaba el recibir sobornos, por el cual muchos comandantes forjaron una magna fortuna en detrimento de la sociedad peruana.

Asimismo, la corrupción se vio evidenciada en aspectos trascendentales del vivir cotidiano, como lo es, a saber, la alimentación. En octubre de 1974 estalló un gran escándalo de malversación que involucró a una empresa estatal a cargo de la venta de alimentos al por menor. Esta clase de corrupción perjudicaba al peruano promedio porque afectaba los recursos de perentoria exigencia y, por ende, la supervivencia de la población empobrecida.

En definitiva, el gobierno de Velasco Alvarado, quienes ciertos profanos en la materia loan por la reforma agraria; encubrió una retahíla de actos totalmente reprochables que no solo causaron degradación en la coexistencia social, sino que también, estableció un precedente para el actuar de futuros mandatarios que aplicarían similares hechos, como son, Alan García, Alberto Fujimori, entre otros.

NOTICIAS MAS LEIDAS